100 años de la Revolución Rusa

Por qué triunfaron los bolcheviques
“Los bolcheviques conquistaron el poder, no a través de compromisos con las clases dominantes o con otros líderes políticos, ni resignándose con el viejo mecanismo de gobierno. Pero tampoco mediante la violencia organizada de una pequeña camarilla. Si las vastas masas de la población rusa no hubieran estado listas para la insurrección, ésta habría fracasado. La única razón del inmenso éxito de los bolcheviques reside en que cumplieron los profundos y simples deseos de las más vastas capas de la población llamándolas al trabajo para destruir y barrer lo viejo, para erigir luego con ellas, sobre el polvo de las ruinas demolidas, el armazón del mundo nuevo”. John Reed, Diez días que conmovieron el mundo. 
1917: El año de la Revolución Rusa 
1-La primera guerra mundial
En 1917 corría ya el tercer año de la masacre a gran escala que envolvía a Europa, la Primera Guerra Mundial. En los campos de batalla y las trincheras los obreros y los pueblos de las naciones en guerra (la Entente de Gran Bretaña, Francia y Rusia, a la que se sumó luego EEUU, contra Alemania y Austria-Hungría) eran llevados a matarse entre sí para mayor lucro de las burguesías imperialistas que se jugaban un nuevo reparto del mundo. Parecía que todo era oscuridad y no había esperanzas para los trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo. La abrumadora mayoría de los partidos obreros de la II internacional habían traicionado al marxismo revolucionario y a la clase obrera apoyando o dejando actuar a sus burguesías en la rapiña general. Solo una ínfima minoría se mantenía en posiciones internacionalistas y revolucionarías. Entre ellos, el Partido obrero socialdemócrata de Rusia (bolchevique: mayoritarios) dirigido por Lenin, independiente hacía mucho de las posiciones reformistas de los mencheviques (minoritarios).
2-Rusia, cárcel de pueblos
Rusia era un gigantesco país imperialista: una cárcel de pueblos bajo la bota del Zar, monarca autocrático de un sistema que ya duraba siglos. Se había desarrollado el capitalismo ruso entrelazado con el capital financiero inglés y francés. Una clase obrera muy concentrada en las dos grandes capitales (Petrogrado y Moscú) emergía en el seno de una población mayoritariamente campesina (85%), salvajemente explotada y oprimida. Ya en 1905 una gigantesca revolución protagonizada por los obreros y el pueblo, había conmovido los cimientos del zarismo. Aunque fue derrotada, fue un “borrador” de lo que vendría.
En 1916 hubo levantamientos de las nacionalidades no rusas. Millones de soldados rusos (en su mayoría “campesinos de uniforme”) eran la carne de cañón de las potencias de la Entente. Lenin y los bolcheviques desde el principio trazaron la línea de “dar vuelta los fusiles” y transformar la guerra imperialista en guerra civil contra “su propia” burguesía imperialista.
3-De febrero a octubre de 1917
En febrero de 1917 las masas de Petrogrado salieron a las calles encabezadas por las mujeres reclamando pan, frente a la hambruna que provocaba la guerra. El zarismo reprimió violentamente y los obreros se plantaron frente a la guarnición militar que tenía 60 mil efectivos. Sobre el trabajo previo, secreto, entre las tropas, de los bolcheviques, neutralizaron a los soldados y asaltaron el arsenal de Petrogrado. El zar fue derrocado. Se proclamó la República. La gran burguesía constituyó el Gobierno Provisional. En este proceso resurgieron también los soviets, esas formar organizativas que ya habían forjado las masas en la Revolución de 1905.
Dichos consejos de delegados de los obreros, campesinos y soldados (campesinos en armas), surgieron en plena insurrección, de las asambleas en las secciones de las fábricas, aldeas y unidades militares, que se extendieron a las ciudades y el campo en toda Rusia, dando origen a los Soviets de Diputados (Consejo de Delegados) que se constituyeron de hecho en un doble poder de democracia directa en contraposición con el gobierno provisional burgués de tipo parlamentario. Y sobre la base de los soviets se organizaron milicias en reemplazo de la policía zarista. Los bolcheviques impulsaron a fondo esta práctica y el armamento general de hombres y mujeres, que las milicias confiscasen el pan y la leche a los acaparadores y las viviendas desocupadas de los ricos y que los campesinos tomasen directamente las tierras. Pero en los soviets todavía predominaba la línea reformista de presionar con las masas al gobierno provisional burgués.
Este proceso revolucionario entre febrero y octubre tuvo varios momentos. Hasta junio, mientras existió de hecho el doble poder (el del Gobierno provisional y el de los Soviets), los bolcheviques enarbolaron la consigna de “todo el poder a los soviets”. Pero la situación cambió ante el reinicio por el gobierno de la guerra y la traición de los partidos pequeñoburgueses, que subordinaron totalmente el Soviet al gobierno reaccionario, avalando fusilamientos en el frente y la represión interna. Derrotado el intento golpista y monárquico de Kornilov, a Lenin y los bolcheviques se les planteó entonces la necesidad de encarar una nueva etapa, la de prepararse y preparar a las masas para la toma del poder a través de la insurrección armada, derrocando al gobierno burgués. Esto llevó tres meses, con Lenin y la mayoría de los dirigentes del Comité Central del Partido bolchevique en la clandestinidad. Es en estos meses cuando Lenin escribe El Estado y la revolución, cuyo subtítulo era La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución.
4- El asalto al palacio de invierno
A propuesta de Lenin el levantamiento armado empezó el 24 de octubre -según el viejo calendario, 6 de noviembre en el calendario actual-, antes de la inauguración del Congreso de los soviets. La insurrección armada fue protagonizada por las masas de obreros y soldados. Y triunfó de manera rápida porque se realizó en el momento preciso de mayor auge revolucionario y de mayor debilitamiento y división en el gobierno provisional burgués y en el conjunto de las clases dominantes. En una situación en que las grandes masas ya reconocían, apoyaban y engrandecían a su partido de vanguardia y éste ya había ganado la dirección de los soviets obreros y de soldados en Petrogrado y Moscú, y poseía gran fuerza en las principales guarniciones situadas en la retaguardia y en la Marina de guerra.
5-Consolidar el poder
Tras la caída del Palacio de Invierno, el 7 de noviembre se reunió el II Congreso de los Soviets de toda Rusia, en el que asumió una nueva dirección bolchevique y adoptó la histórica proclama: “¡A los obreros, a los soldados y a los campesinos!” que expresaba: “Respaldado por la voluntad de la inmensa mayoría de los obreros, los soldados y los campesinos, respaldados por la insurrección victoriosa de los obreros y de la guarnición de Petrogrado, el Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado toma en sus manos el poder”.
Así, el 8 de noviembre el Congreso de los Soviets le dio todo el poder al gobierno encabezado por Lenin, eliminó la pena capital en el frente, ordenó la libertad de todos los revolucionarios y el arresto de Kerenski.
El nuevo gobierno soviético llamó a iniciar negociaciones inmediatas para “una paz inmediata, sin anexiones, sin indemnizaciones”. Lenin presentó el decreto sobre la tierra que garantizó la unidad con los socialrevolucionarios de izquierda pues hacia realidad sus reclamos históricos: Se abolió el derecho de propiedad de los terratenientes sin compensación por sus tierras, y las de la Iglesia, y las tierras se pusieron a disposición de comités formados por los campesinos en el campo. Otras medidas importantes fueron: la democratización del ejército, el control obrero de las fábricas y el reconocimiento del derecho de las naciones oprimidas del imperio ruso (cerca de un 50% de la población) a la independencia y la autodeterminación. Definió por último que el gobierno soviético sería un gobierno de obreros y campesinos, que se conocería como el Consejo de Comisarios del Pueblo.
El 9, frente a la contrarrevolución que comenzaba a actuar, Lenin proclamó en el Congreso de los Soviets “¡Ahora procederemos a la edificación del orden socialista!”
6- La alianza obrero-campesina y la guerra civil y contra la intervención extranjera
Después de constituido el poder soviético, la lucha continuó: Estallaron insurrecciones en varias ciudades del país. A fines de noviembre, el congreso de los soviets campesinos de toda Rusia finalmente decidió formar parte del poder soviético e integrarse al gobierno.
Se inició una cruenta guerra civil, que desataron los generales “blancos” que armaron ejércitos contra el poder “rojo” y a favor de los terratenientes y la burguesía derrocada en distintas regiones del antiguo imperio. Donde ellos ocupaban, se restauraba la propiedad terrateniente y la dominación rusa sobre los pueblos oprimidos no rusos. En su apoyo, se produjo la intervención de tropas de 14 países que invadieron y cercaron Rusia, financiados por el capital imperialista y las grandes potencias. Se estrellaron contra el heroísmo y la voluntad mayoritaria de las masas obreras y campesinas, dirigidas por los bolcheviques. El nuevo Ejército Rojo formado por las milicias obreras y las antiguas tropas sumadas a la revolución derrotó los intentos contrarrevolucionarios… fue una guerra popular legendaria, que sobre la base de contar con sus propias fuerzas convocó el apoyo y la solidaridad internacional de los obreros y revolucionarios de todo el mundo, incluida la Argentina. Sus ecos fogonearon un auge revolucionario de luchas obreras, campesinas y de liberación nacional en el mundo entero. Así se coronó la obra de la Insurrección de Octubre, forjando en los hechos la alianza obrero-campesina que hizo posible el triunfo.
El socialismo demostró su superioridad
Vinieron luego 38 años de construcción de la primera sociedad socialista, años en los que el socialismo demostró su superioridad frente al capitalismo, garantizando tierra, salud, educación, trabajo, techo, deporte, cultura y educación a millones, como nunca había sucedido en la historia. La Revolución Rusa fue derrotada, una nueva burguesía usurpó el poder en 1956, y restauró el capitalismo. Esto no opaca los logros del Estado de los obreros y campesinos pobres en Rusia, y nos obliga a los revolucionarios a aprender de sus aciertos y errores para coronar el camino revolucionario en nuestro país.
Sobre la relación entre la revolución democrática y la revolución socialista
“La primera se transforma en la segunda. La segunda consolida la obra de la primera. Y sólo la lucha determina hasta qué punto la segunda logra rebasar a la primera. El régimen soviético es precisamente una de las confirmaciones evidentes o manifestaciones de esta transformación de una revolución en otra. Representa la máxima democracia para los obreros y los campesinos, y al mismo tiempo, la ruptura con la democracia burguesa, y la aparición de una nueva, la democracia proletaria o dictadura del proletariado, de proyecciones históricas universales”. Lenin (1921)
El arte de la insurrección
Para poder triunfar, la insurrección debe apoyarse no en una conjuración, no en un partido, sino en la clase más avanzada. Esto en primer lugar. La insurrección debe apoyarse en el auge revolucionario del pueblo. Esto en segundo lugar. La insurrección debe apoyarse en aquel momento de viraje en la historia de la revolución ascensional en que la actividad de la vanguardia del pueblo sea mayor, en que mayores sean las vacilaciones en las filas de los enemigos y en las filas de los amigos débiles, a medias, indecisos, de la revolución. Esto en tercer lugar. (…) si se dan estas condiciones, negarse a tratar la insurrección como un arte equivale a traicionar el marxismo y a traicionar la revolución”. Lenin (1917)
Se abrió el camino
 “Solo la lucha decidirá en qué medida podremos (en fin de cuentas) avanzar, qué parte de nuestro elevado objetivo lograremos realizar y qué parte de nuestras victorias conseguiremos consolidar. Ya veremos. Pero desde ahora es evidente que –para un país arruinado, atormentado, atrasado– se ha hecho muchísimo en cuanto a la transformación socialista de la sociedad. (…) Nosotros hemos empezado. Poco importa saber cuándo, en qué plazo, los proletarios de qué nación llevarán las cosas a término. Lo importante es que se ha roto el hielo; que está abierto el camino e indicada la dirección”. Lenin (1921)

El Estado y la Revolución, actualidad centenaria

La reedición de El Estado y la Revolución está en la calle. En charlas y presentaciones surge, inevitable, el interrogante: ¿tendrá vigencia en las actuales circunstancias? O dicho sin eufemismos, ¿no será que atrasa?

Lenin terminó El Estado y la Revolución dos meses antes de Octubre. La obra no llegó a publicarse hasta después de la insurrección. Contemporáneamente escribe otros artículos íntimamente relacionados con el asalto al poder: “El marxismo y la insurrección”; “¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder?”; “Consejos de un ausente”.
Lenin defiende y desarrolla las tesis marxistas sobre esta temática en polémica con las corrientes reformistas que habían arriado todas las banderas. Nuestro autor no es un “publicista”. Es un apasionado militante que, en simultáneo está ejerciendo sus deberes de jefe de un Partido en las vísperas.
Al menos dos ideas quedan instaladas. Una: para acometer su misión histórica de eliminar la explotación, el proletariado debe barrer, revolución mediante, con el Estado burgués terrateniente. La otra: en ese proceso dispondrá de una amplia variedad de tácticas. Todas ellas válidas a condición de que no sustituyan y/o se contrapongan con el objetivo general a alcanzar. Dada su trascendencia las obras fundantes del leninismo no merecen ser contempladas como libros de recetas. El mejor de los textos, al margen de las condiciones propicias, no parirá una revolución. A la vez, la más “ofrecida” de las situaciones revolucionarias, desprovista del andamiaje teórico que la sustente, estará, seguramente, condenada a la derrota.
Una única revolución triunfante. Varias malogradas. 
Noviembre de 1918. Alemania es un caldero. Tras el levantamiento de la marinería la revuelta se generaliza. Cae el Kaiser. Y como en el Febrero ruso, los “mencheviques” alemanes se ofrecen como garantes de la “paz social”. Carlos Liebknecht y los espartaquistas proclaman la República Socialista Libre de Alemania. En diciembre se marchaba al “Primer Congreso General de Consejos de Obreros y Soldados”. ¿Nuevamente la dualidad de poderes? Pero lo cierto era que ni el Gobierno estaba tan debilitado como se lo suponía, ni el Ejército estaba tan descalabrado, ni la correlación de fuerzas en el proletariado y otros sectores populares era tan favorable a la revolución. En enero de 1919 se produce una crisis política. Durante varios días medio millón de berlineses manifiestan contra las provocaciones gubernamentales. La represión es feroz. Días después caen asesinados Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo. La reacción ha capeado el vendaval.
Baviera y Hungría son los escenarios de sendas repúblicas soviéticas en Europa de efímera duración. La oleada revolucionaria se va cerrando.
Nuestra actualidad 
Nuestra condición de comunistas y revolucionarios es razón suficiente para nuestra lucha intransigente contra esta sociedad perversa. Sabemos que nuestras buenas razones no bastan. Porque en un largo proceso los explotadores blindaron sus propias “razones”. Las apoyan en la fuerza bruta de su Estado. Y en las ideas dominantes que neutralizan a muchas de sus víctimas. Se le atribuye a Goethe haber afirmado “prefiero las injusticias antes que el desorden”. Tal frase conlleva la admisión de que el “orden instituido” normalmente es injusto. Contradicción de hierro sobre la que debemos trabajar los revolucionarios.
Mendieta popularizó el “mal pero acostumbrado”. ¿Nos habituamos realmente a la “malaria”? Somos millones los que peleamos. Y si alguno se resigna a estar mal seguramente no va a tolerar estar peor. Estas batallas reivindicativas permiten alcanzar triunfos parciales a la vez que crean conciencia en la necesidad de la lucha política por la liberación. Más necesaria que nunca cuando el revanchismo antiobrero y antipopular apunta contra nuestras conquistas.
“Muy actual pero, ¿dónde están las revoluciones del siglo XXI?” 
Lenin habló de la época del imperialismo y las revoluciones proletarias. Caracterizó a la fase imperialista como un momento de descomposición del capitalismo. La exacerbación de sus contradicciones ocasionó una nueva Gran Guerra, revoluciones triunfantes y el resquebrajamiento del colonialismo. Se instaló la ilusión de que dicho proceso sería lineal y rápido. La posterior restauración capitalista en la URSS y China son elocuente demostración de que no será así. Los imperialismos recuperaron la ofensiva. Y aun así no “curaron” una sola de las enfermedades sustantivas del capitalismo. Las lacras que señaló Lenin son las que eran y su voltaje centuplicado.
El mundo se ha transformado en un hogar sumamente inhóspito. Los sectores dominantes se curan en salud y nos la van a hacer bien difícil. Pero ninguna revolución del pasado fue un paseo. Se sucederán las crisis y las guerras. Las condiciones objetivas las “aportarán” los de arriba. Las subjetivas serán fruto de nuestro accionar. Lo que sembremos hoy… Así será nuestra cosecha cuando llegue el momento.
firma:

Sebastián Ramírez

La Revolución China

El 1º de octubre de 1949 Mao Tsetung proclamaba al mundo: “El pueblo chino se ha puesto de pie”, al anunciar la República Popular China desde la Plaza Tienanmen, en Pekín. La Revolución había triunfado por primera vez en un país dependiente y semicolonial, que además era el más poblado del planeta.
¿Cómo hizo el pueblo chino para “ponerse de pie”? ¿Cómo pudo triunfar una revolución dirigida por el partido del proletariado en ese “mar campesino”? Hoy, cuando China es un país capitalista imperialista gobernado por una burguesía de nuevo tipo que oprime brutalmente a su pueblo y explota a los pueblos y naciones oprimidas, es más importante que nunca reivindicar el proceso de la Revolución China.
El proceso revolucionario en el gran país asiático tiene una rica historia, y varias etapas. En 1911 estalló una revolución contra el emperador y el imperialismo que instauró la república, cuyo primer presidente fue Sun Yat-sen, fundador del Kuomintang (un bloque de obreros, campesinos y burguesía nacional). En mayo de 1919 un gran levantamiento estudiantil “señaló una nueva etapa de desarrollo en la revolución democrático-burguesa antiimperialista y antifeudal de China”, diría Mao.
Dos años después, en 1921 se realizaba el Congreso de fundación del Partido Comunista de China en la ciudad de Shanghai. Fue detectado por la policía y tuvo que continuar en una de esas barcas que se usaban entonces en China como vivienda. Eran 21 delegados, representando a 52 o 57 afiliados. Allí Mao planteó “el marxismo salvará a China”. De ahí en más siguieron 28 años en los que el Partido Comunista de China se convirtió en la dirección del proletariado y las amplias masas campesinas, y llevó la revolución a la victoria, en un complejo proceso.
Tres “armas mágicas”
Este proceso, como el propio Mao analizó varias veces, tuvo distintos momentos de cooperación y enfrentamiento con el Kuomintang. Hay un primer período entre 1924 y 1927, cuando Chiang Kai-shek –ya por entonces máximo dirigente del Kuomintang– rompió el frente único y se dio a una feroz represión a los comunistas y al Ejército Rojo que estos dirigían y que luego se llamaría Ejército Popular de Liberación. En 1934, Mao impulsa la Larga Marcha para escapar de las campañas de “cerco y aniquilamiento” de Chiang. Esto se dio en medio de una durísima lucha interna en el Partido Comunista, en el que predominaba una línea de llevar la revolución desde las ciudades al campo, y privilegiar una guerra de movimientos a la guerra de guerrillas que impulsaba el sector liderado por Mao.
Por aquellos años, Mao investiga en profundidad la realidad de las clases sociales en China, y concluye que sin los campesinos pobres no habría revolución triunfante. Campesinos que intentaban sobrevivir a las terribles hambrunas comiendo la corteza de los árboles.
Dice Otto Vargas en Perfil de Mao Tsetung: “En la Larga Marcha el Ejército Rojo recorrió 12.500 kilómetros, atravesó dieciocho cadenas de montañas, once provincias, derrotó a un millón de hombres, combatió todos los días, sufrió hambre y todo tipo de dificultades. Fue una de las más grandes empresas militares de la historia, al lado de la cual incluso la de Aníbal empalidece. En esa Larga Marcha, en 1935, en la reunión de Tsunyi, triunfó finalmente la línea de Mao de la guerra de guerrillas, de la guerra del campo a la ciudad, de crear las bases rojas de apoyo y se derrotó la vieja dirección oportunista de ‘izquierda’ y de derecha”.
Luego vino el período del Frente Único Antijaponés. Japón había invadido China a partir de 1931, y en 1937 se establece un nuevo acuerdo entre el PCCh y el Kuomintang, en el que el PCCh tuvo que hacer grandes concesiones. En todo este período, el Partido mantuvo en unidad y lucha con el KMT –incluso con enfrentamientos armados–, su independencia y la del Ejército Rojo, como Octavo Cuerpo de Ejército. Este se transformaría, luego de la derrota del ocupante japonés al fin de la Segunda Guerra mundial, en Ejército Popular de Liberación. Ya por ese entonces, el PCCh dirigía vastas zonas donde vivían más de 100 millones de personas. Así se abrió un nuevo período, donde el Partido Comunista avanzó en la guerra de liberación, combatiendo a las tropas del KMT apoyadas por las potencias imperialistas, particularmente por los yanquis, derrotándolas en todo el territorio.
En el fragor de esta lucha, Mao escribió: “La revolución democrático-burguesa de China tiene dos características fundamentales: 1) el proletariado o bien establece un frente único nacional revolucionario con la burguesía, o lo rompe cuando se ve obligado a ello, y 2) la lucha armada es la forma principal de la revolución… La experiencia de estos dieciocho años nos ha permitido comprender que el frente único, la lucha armada y la construcción del Partido son nuestras tres ‘armas mágicas’, las tres principales armas del Partido Comunista de China para vencer al enemigo en la revolución” (Con motivo de la aparición de “El Comunista”, 4 de octubre de 1939).
La revolución es un drama pasional
La República Popular en 1949, la Revolución de Nueva democracia, como llamaron los comunistas chinos a esta etapa tuvo como objetivo “derrocar la dominación del imperialismo, del feudalismo y del capitalismo burocrático”, como indicó Mao, en camino al socialismo. Lo principal era resolver el hambre del pueblo chino, y dejar atrás “los años de la humillación”, como denominaban a ese período en el que en los grandes centros urbanos, las clases dominantes ponían carteles prohibiendo el acceso “a perros y chinos” en los locales comerciales y culturales.
Como el mismo Mao le dijo en una entrevista al escritor francés André Malraux: “La Revolución es un drama pasional. No hemos atraído al pueblo apelando a la razón, sino desarrollando la esperanza, la confianza y la fraternidad. Frente al hambre, la voluntad de igualdad adquiere la fuerza de un sentimiento religioso. Después, luchando por el arroz, la tierra, y los derechos concedidos por la reforma agraria, los campesinos adquirieron la convicción de que luchaban por sus vidas y las de sus hijos”.
Logros de la revolución
Escribe Jacinto Roldán que con el triunfo de la República Popular “46 millones de hectáreas de tierra cambiaron de mano, 300 millones de campesinos pobres accedieron a la propiedad de la tierra y por primera vez en siglos se resolvió el problema del hambre para 500 millones de habitantes” (Mao Tsetung: revolución, arte y cultura).
Mao, unos meses antes del triunfo de la revolución (marzo 1949) había afirmado: “La victoria de la revolución democrática popular de China, mirada retrospectivamente después de varios decenios, parecerá sólo el breve prólogo de un largo drama. Un drama comienza por el prólogo, pero el prólogo no es la culminación. La revolución china es grandiosa, pero después de la revolución, el camino será aún más largo y nuestra tarea, aún más grandiosa y más ardua”. Estaba claro el líder revolucionario de la gigantesca batalla que se iba a dar en China, entre los seguidores del camino socialista y los seguidores del camino capitalista.
En los casi 30 años que el proletariado estuvo en el poder, hegemonizando el proceso de la revolución democrática en un país dependiente, y avanzando hacia el socialismo, fueron inmensos los cambios para el pueblo chino. La expectativa de vida subió de 32 años en 1949 a 65 años en 1976. Antes de la revolución cuatro millones de personas morían al año de enfermedades contagiosas y 60 millones eran adictas al opio. La revolución sacó de la hambruna permanente a millones de campesinos. En una generación, la tasa de alfabetización subió de 15% en 1949 a 80-90% a mediados de los años 1970.
El protagonismo de las mujeres en el proceso revolucionario chino trajo profundos cambios durante el socialismo. Terminó con los matrimonios concertados, la brutal práctica de vendarle los pies a la mujer y el infanticidio de niñas. Un nuevo movimiento de mujeres, mayor y con una visión más amplia que nunca antes, se propuso eliminar la división del trabajo que subordina a las mujeres a los hombres y rebasar el estrecho marco de la vida hogareña, como se describe en La mitad del cielo, de Claudie Broyelle.
Con Mao la economía industrial china tuvo un crecimiento impresionante, un promedio de 10% al año, incluso durante la Revolución Cultural. China, llamada antes de la revolución el “enfermo de Asia”, se transformó en una potencia industrial importante, se paró sobre sus propios pies, y esto lo logró combatiendo la explotación, la dependencia y la intervención de distintas potencias imperialistas.
La producción agrícola creció a un ritmo de 3% al año, un poco mayor que el crecimiento de la población. En 1949, solo 26.000 hectáreas tenían riego; pero en 1974 más de 40 millones de hectáreas tenían sistemas de riego y China era el país con la mayor extensión de tierra irrigada del mundo. La conservación de agua, medidas para controlar las inundaciones y la erosión, y masivas campañas de reforestación cambiaron la fisonomía del campo. Por esto y por muchas otras razones que merecen mucho más que estas líneas, reafirmamos que “Después de la revolución rusa de 1917, la victoria de la revolución china es el acontecimiento más importante en la historia del movimiento revolucionario del proletariado internacional. Mao Tsetung desarrolló el marxismo-leninismo en todos los planos: en la teoría revolucionaria, en la teoría de la guerra, en la teoría económica y en la filosofía.
“En la lucha por avanzar hacia una sociedad sin explotadores ni explotados, Mao Tsetung formuló la teoría de la continuación de la revolución en las condiciones de la dictadura del proletariado e impulsó la Revolución Cultural Proletaria para impedir la restauración burguesa. Este es su principal aporte al desarrollo de la teoría marxista-leninista” (Programa del PCR de la Argentina).

Informe para el análisis: Situación Petrolera en Conflicto – Sit. Internacional y Nacional-

pag.888Reproducimos completo este importante informe elaborado por compañeros vinculados al trabajo petrolero en distintas provincias argentinas, como Neuquén. El mismo está siendo utilizado como base de propuestas de lucha en la oleada de conflictos que recorre nuestro país.

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Video del cierre de campaña del Frente Popular Neuquén en la base militar china con Victor De Gennero y JC Alderete

HACIENDO CLICK AQUÍ: MIRÁ EL VIDEO DEL ACTO EN LAS PUERTAS DE LA BASE MILITAR CHINA

El Frente Popular realizó el lanzamiento nacional de la Campaña por el “NO” a la base científica militar china en Neuquén y en todos los lugares del país, como cierre de campaña en la provincia. Con la presencia del candidato a la presidencia, Víctor de Gennaro, en las puertas de la estación (Paraje Quintuco), el Frente Popular, reafirmó su postura contraria a la base que se hizo pública con una protesta en febrero de este año. Raúl Dobrusín, candidato a gobernador, explicó que la comisión espacial china depende directamente de su ejército, por lo que su carácter militar es obvio, y que en la misma China, con una estación de seguimiento espacial similar a ésta, probaron destruir satélites propios. Por su parte, el candidato a vicegobernador, Luis “Colo” Tsicornia, amplió: “se profundiza la dependencia de nuestro país al imperialismo Chino ya que se trata de un enclave extranjero, de cesión de soberanía argentina y que coloca a nuestro país en la disputa geopolítica de las grandes potencias por las esferas de influencia”.

Los candidatos a diputados del Frente Popular Ricardo Pérez y Mario Cambio acompañaron al referente nacional Juan Carlos Alderete, que se sumó con su discurso al Lanzamiento nacional. Alderete expresó que “Ningún gobierno se animó a entregar tanto como Cristina, fue Repsol, fue Chevron, hoy son los chinos y así sucesivamente la entrega ha ido de la mano de nuestros gobiernos, por eso tenemos que ganar nuestra provincia y nuestro país para que nunca más pase esto. Esto es parte del proyecto kirchnerista y nosotros decimos ¡Ni amo viejo, ni amo nuevo!”.

El lanzamiento nacional finalizó con las palabras de Víctor de Gennaro instando a “reafirmar la defensa de nuestra soberanía nacional sumando su firma por el NO a la instalación de la base “científica” militar en Neuquén”. “Esta es una actitud de dignidad y soberanía y sé que todos los compatriotas que aman la Patria sienten orgullo de esta protesta en contra de la base china” Por último, cerró su discurso invitando a los medios y a la gente a la Conferencia de Prensa y Acto de Cierre de Campaña del Frente Popular que se realizarán desde las 17 hs en el tráiler ubicado en Av. Olascoaga y Sarmiento.

Palestina no está sola

Movilización en Irán

Movilización en Irán

La barbarie que está cometiendo el Estado de Israel en Gaza ha provocado una oleada de repudio en todo el mundo. Miles y miles se manifiestan en solidaridad con el pueblo palestino.

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Muere el General Giap.

Vo Nguyen Giap, un gran líder comunista.

Vo Nguyen Giap, un gran líder comunista.

A los 102 años de edad, el 4 de octubre de 2013, nos deja el legendario general GIAP. Se nos va un gran dirigente comunista, comandante guerrillero de una de las mayores epopeyas revolucionarias del SXX.
Vencedor Vietnamita de los invasores japoneses, franceses y yanquis, demostró en la práctica que cuando un pueblo se rebela, no hay potencia militar que pueda hacer frente a la decisión de liberarse de todo yugo opresor.
Nos deja uno de los grandes cuadros comunistas del Siglo XX.
¡General Vo Nguyen Giap, hasta la victoria siempre!

Reportaje reciente a GIAP:

Comunicado por Siria

Comunicado por Siria

Comunicado por Siria

El PTP y el PCR repudian toda intervención directa o indirecta de las potencias imperialistas.

La amenaza de intervención militar norteamericana con cohetes Tomawack en Siria,  las presencia de las flotas yankis y rusas cerca de la costa sirias en el Mediterráneo, los llamados de Hollande, presidente de Francia, a la intervención militar directa, implican un agravamiento de la situación en Siria y todo Medio Oriente que podría desembocar en una guerra regional.  El PTP y el PCR repudian toda intervención , directa o indirecta de las potencias imperialistas en Siria.

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