Macri miente para ajustar más

1. La fiesta de Macri

Una semana después de su triunfo electoral, Macri presentó los consensos básicos de su gran acuerdo nacional. Lo hizo en el Centro Cultural Kirchner, ante 170 convocados: gobernadores, ministros, autoridades de la Justicia y el Congreso, dirigentes de la CGT y “las 62”, y de organizaciones empresariales y de terratenientes.

Macri presentó su propuesta como un camino para crecer y eliminar la pobreza. Adentro, en el acto no había un solo pobre (lo dijo el propio Macri). Afuera, contenidos por el vallado y un fuerte dispositivo represivo, protestaban la CCC, la CTEP y Barrios de Pie, que están a la cabeza de la lucha contra el hambre y la pobreza.

El verdadero eje del discurso de Macri fue que tenemos que ser un país previsible y con cuentas ordenadas, para “abrirnos a la globalización”. Es lo que hizo su gobierno: vendemos soja, oro y litio, China nos inunda con sus productos industriales, construye las represas y las usinas atómicas que podemos hacer nosotros mismos, nos endeudamos con los bancos yanquis, chinos y europeos. Un país donde un puñado de terratenientes y monopolios cerealeros se llenan de plata con los agronegocios, mientras miles de chacareros sufren las inundaciones, las economías regionales se hunden en la crisis y la tierra se concentra en manos de latifundistas, que cada vez más son extranjeros. El resultado es un millón y medio más de pobres.

Los habitantes de las villas de la Capital Federal se multiplicaron por 5 en 26 años. De 52.000 personas en 1991 a las 250.000 que hay ahora. En 1991, de cada 100 habitantes dos vivían en villas, y ahora son 8 (datos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA). Macri aportó sus 10 años de gobierno a este aumento de la pobreza.

No se puede acabar con la pobreza con un gobierno de empresarios asociados a monopolios imperialistas y oligarcas terratenientes. Todos ellos son el problema, no la solución.

 

2. Más ajuste, más entrega y más represión

Más allá de las generalidades del discurso de Macri, trascendieron algunas de las medidas que muestran el verdadero objetivo: la profundización del ajuste que está pagando el pueblo. En parte, son exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI), que en los próximos días manda una misión a la Argentina, a controlar las cuentas del Estado, para que Macri nos siga endeudando.

Van a seguir reemplazando los convenios colectivos por el “modelo” firmado en Vaca Muerta, que anuló las conquistas de los petroleros y recorta a la mitad los salarios. Pero ya el ministro Triaca presentó el proyecto de la nueva ley laboral, con el “modelo” de la construcción, bajos salarios, contratos temporarios y despidos sin indemnización.

Actualmente la jubilación mínima es el 54% del salario promedio. Macri quiere cambiar el índice de aumentos de los jubilados, pensionados y beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, que vienen de dos años de perder la carrera contra la inflación. Ahora, con el nuevo índice, le robarán $118.688 millones de pesos a los jubilados y pensionados, a lo que se sumará lo que perderá la Asignación Universal por Hijo.

Las patronales que pagan sueldos de menos de $10.000 serán beneficiadas con el no pago de los mal llamados “aportes patronales”. En realidad esos aportes son parte del salario que el trabajador aporta al sistema jubilatorio, asignaciones familiares, etc.

Se va a un aumento de las tarifas de gas y electricidad, 35% ahora y dos aumentos del 20% el año que viene. Aumento del transporte de $0,50 cada mes del año que viene, una suba del 120% en el año en micros, peor aún en trenes.

Macri habló de “transición”. En cuanto pueda, va por la ley Triaca para consolidar la reforma laboral flexibilizadora, el cambio en el régimen jubilatorio aumentando la edad, y vaya a saber a cuánto se irá el boleto de tren o micro.

Hablan de luchar contra la pobreza y castigan al trabajador ocupado, desocupado o jubilado, para beneficio de los monopolios y los oligarcas.

 

3. No es la república, es el bolsillo

El hoy diputado De Vido fue recluido, con prisión preventiva, por causas que muestran la brutal corrupción en el manejo de 200.000 millones de dólares, mientras fue ministro en los tres gobiernos K. Y también, por su responsabilidad política en la masacre de Once.

Desde la cárcel, De Vido hizo pública una carta, en la que habla de “traición y cobardía”. ¿Se refería a Máximo Kirchner y los diputados K que no concurrieron a defenderlo en la sesión de la Cámara que le quitó los fueros? ¿Y a las declaraciones de Cristina, cuando le preguntaron sobre De Vido y contestó: “No pongo las manos en el fuego por nadie”?

Renunció Gils Carbó, la kirchnerista procuradora de la nación. ¿Habrá tomado nota de que los Kirchner se lavan las manos cuando las causas judiciales no tocan a la familia? Además de la nueva ofensiva de Macri para echarla.

Cristina debe declarar en varias causas por corrupción. Macri quiere que siga su desfile por tribunales para mantener la polarización política, le da buen rédito político y electoral.

En silencio, la justicia viene perdonando a Macri en causas de corrupción: empresas fantasmas en los paraísos fiscales según los “papeles de Panamá”, anulación de la cláusula que impedía que los familiares de funcionarios blanquearan capitales en negro (su hermano Gianfranco “legalizó” 35 millones de dólares, y su padre tiene decenas de empresas en paraísos fiscales).

Además, el gobierno bloquea la investigación de las coimas de Odebrecht en la Argentina, porque en casi todas las obras públicas estuvo “asociada” a las empresas del grupo Macri.

 

4. La otra Argentina

Macri, y los multimedios del sistema, no ven otra Argentina que la del resultado electoral.

Por otra parte, hay gobernadores y dirigentes políticos y sindicales más preocupados por hacer su duelo que en ver las causas de sus derrotas, sobre todo, la de ir atrás del juego de Macri.

Unos ocultan y otros no quieren ver la otra cara de la Argentina: la que protesta en las calles. Como estuvieron los Cayetanos, plantando las banderas de Tierra, Techo y Trabajo en medio de la fiesta de Macri.

El corrimiento a la tregua de políticos y sindicalistas no hace las cosas fácil. Pero la Argentina siempre fue así. Frente a gobiernos ajustadores que se creían dueños de la Argentina, tronó el escarmiento, con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes.

Los trabajadores discuten en las asambleas, cuerpos de delegados y comisiones internas. La pechada viene desde abajo.

Muchos se preparan para un masivo 1° de noviembre, exigiendo verdad y castigo a los responsables de la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado.

Los trabajadores del Astillero Río Santiago, frente al vaciamiento que empujan Macri y Vidal, van a un plenario de delegados regionales que es un ejemplo. Hay repudio a la visita de los usureros del Fondo Monetario Internacional y a la política de Macri de someterse a esos personeros del imperialismo. Se destapó y se hizo fracasar el acuerdo de Macri con los yanquis de hacer maniobras militares conjuntas en la Patagonia.

Hay otra Argentina, la que va a tronar, más fuerte que las tormentas, frente al ajuste, la entrega y la represión del macrismo.

La que trabaja para la unidad en la lucha social y política. Para unir fuerzas en un frente popular y nacional que plante bandera frente al macrismo para hacer realidad la consigna de los patriotas de 1810: “Ni amo viejo ni amo nuevo, ningún amo”. La que lucha por una reforma agraria que liquide el latifundio oligárquico para que la tierra sea para el que la trabaja y para la vivienda del pueblo.

firma:

Escribe Ricardo Fierro