No somos intrusas

Nuestras luchas rompieron el cerco y llegaron a Intrusos, pero nosotras no somas intrusas en ningún lugar. Nos ganamos y nos seguimos ganando los lugares que históricamente se nos han negado.

Nadie hubiese imaginado escaso tiempo atrás que un programa de televisión como “Intrusos” fuera a dar lugar durante una semana entera al debate acerca del feminismo y el movimiento de mujeres en la TV abierta, y escapando a los lugares comunes. Sin duda, fue la “noticia” de la semana. Menos aún íbamos a imaginar que un conductor como Jorge Rial asumiera públicamente el compromiso de discutir con seriedad la problemática del aborto ilegal en la Argentina y que exhibiera en su muñeca el pañuelo verde característico de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, seguro y gratuito.
Todo comenzó luego de que Malena Pichot, criticara duramente en twitter a la actriz Araceli González quien había afirmado que “ella no es feminista”. La polémica abrió el debate y eso permitió que se escucharan diferentes voces de mujeres famosas que hoy se reconocen como parte del amplio y heterogéneo movimiento de mujeres y feminista de la Argentina. Florencia Freijo (economista), Malena Pichot (guionista y actriz), Julia Mengolini (periodista y conductora) y Luciana Peker (periodista y escritora).
Mucho se podría hablar al respecto, pero lo que podemos afirmar en primer lugar que lo acontecido en Intrusos es auspicioso. No simplemente porque se debata en el plano ideológico qué es o qué no es el feminismo, sino porque se le dio voz a mujeres que desde diferentes lugares pudieron hablar acerca de la desigualdad que sufrimos las mujeres en la sociedad, la injusticia que eso representa, pero sobre todo porque se hizo en un programa de televisión que tiene una amplia audiencia, que escapa a los lugares en los que las activistas estamos acostumbradas a transitar. Y también porque la audiencia de ese programa es mayoritariamente de mujeres y por unos días se dejó de hablar de tal o cual chusmerío de la farándula para hablar de femicidio, desigualdad salarial, feminización de la pobreza, acoso sexual y sí… también de aborto.
Que este espacio se dé hoy no es casualidad. A partir del 3 de junio de 2015, asistimos a un auge del movimiento de mujeres de la Argentina, auge que se caracteriza por el hartazgo ante los casos de violencia contra nuestro género y que tiene una ancha espalda de 32 años de Encuentros Nacionales de Mujeres que como siempre decimos son “únicos en el mundo”. Nuestra historia no empezó ayer.
Ahora bien, no quisiera ser “aguafiestas”, considero que esto es un hecho importante pero me permito dudar y no subirme así sin más a la “ola aplaudidora”. Siempre las clases dominantes han buscado cómo cooptar, fagocitar o absorber a aquellos movimientos de lucha que no pueden romper. Y en este punto se ponen al descubierto los debates que aún nos atraviesan. El movimiento de mujeres y el feminismo no es monolítico, no todas pensamos lo mismo y eso también quedó en evidencia en Intrusos. Podemos decir que todas luchamos porque no exista más desigualdad de género, pero no todas coincidimos en los caminos para llegar eso. Ese es el debate, no cuál es el porcentaje de “feminismo” que corre en tus venas. Como Araceli González, famosa, existen cientos de mujeres que no se reconocen feministas o como parte del movimiento. El camino no es atacar, apartar o insultar, el camino es escuchar, argumentar y no etiquetar. Y a su vez, este no es un problema meramente de “estrategia”, es una discusión acerca de si creemos que es posible o no ganar para la lucha a la mayoría de las mujeres.
Y también en este punto se pone en discusión cuál es el punto de partida. Considero que siempre nuestro punto de partida tiene que ser el entendimiento de que la mayoría de las mujeres sufrimos una doble opresión, por nuestra clase y por nuestro género. Y que el punto de referencia tienen que ser esas mujeres que aún no pudieron romper el silencio, porque no tienen las condiciones materiales para escapar del círculo de la violencia. Esas mujeres que mueren por abortos clandestinos por ser pobres. Esas mujeres que no van a poder ir a la marcha del 8 de marzo porque están preocupadas en cómo resolver la olla del día con 20 pesos.
La sociedad en su conjunto viene dando pasos importantes en el reconocimiento de los derechos de las mujeres, en la crítica al lugar de subordinación que tenemos en la sociedad, y sobre todo en el repudio de todas las formas de violencia que sufrimos, en especial en las que se pone en jugo nuestra vida. Pero todavía tenemos un largo camino que correr. Todavía existe la desigualdad salarial, todavía somos las mujeres las que garantizamos las tareas domésticas cumpliendo una doble jornada laboral, todavía nos encontramos con las puertas cerradas o el maltrato en la Justicia cuando somos víctimas de violencia, todavía se nos niega el derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo.
Efectivamente necesitamos avanzar en cambiar las condiciones materiales que hacen posible todos esos sufrimientos y desigualdades. Para eso necesitamos que nuestro movimiento sea cada vez más amplio y este cada vez mas unido al conjunto del pueblo. Por eso este 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, vamos a decir que el “ajuste es violencia”, a exigir la derogación ya de la Reforma Previsional que en su mayoría afecta a las mujeres y a gritar bien fuerte que estamos de pie para enfrentar la reforma laboral junto a nuestros compañeros.
Nuestras luchas rompieron el cerco y llegaron a Intrusos, pero nosotras no somos intrusas en ningún lugar. Nos ganamos y nos seguimos ganando los lugares que históricamente se nos han negado. La mitad del cielo es nuestra y vamos a tomarla por asalto.
firma:

Belén Spinetta