Pagan la deuda con el hambre del pueblo

Después de 10 años de década ganada, sigue creciendo el hambre

Después de 10 años de década ganada, sigue creciendo el hambre

Hora Política – 25/09/2013

Sube el pan, la leche, los fideos. Millones no llegan a fin de mes por la política inflacionaria y de devaluación. Y la presidenta dice que le “preocupa” que “no nos dejen pagar” deudas ilegítimas a los fondos buitres.

1. La maldita inflación K

El gobierno no toma ninguna medida de fondo para atacar la inflación. Según mediciones en la Capital Federal(y en muchas provincias es mayor aún), entre abril y agosto el pan aumentó el 20%, la harina un 87%, los tomates el 71%, la lechuga el 33% y la leche el 19,5%.

Castigado con las luchas y con las recientes elecciones de las PASO, el gobierno kirchnerista busca “lavarse la cara”, tratando de frenar las luchas, bloquear la fuga hacia la oposición, y evitar una derrota mayor en octubre. Ahora, funcionarios y candidatos reconocen, por ejemplo, que la inflación existe.

El gobierno hizo algunas concesiones a reclamos por los que se ha venido luchando largamente, mientras prepara un ajuste para después de las elecciones. Y toma algunas medidas sobre la inseguridad, que encubren un despliegue represivo que será el garrote con el que pretende profundizar el ajuste inflacionario después de octubre.

Con la “demarcación”, aumenta las ganancias del puñado de monopolios imperialistas y de burguesía intermediaria que son “los formadores de precios”. El gobierno alimenta la inflación porque así aumenta la recaudación de impuestos, este impuesto inflacionario lo paga todo el pueblo; hasta los niños cuando sus madres compran leche, fideos o pan con la asignación por hijo.

2. La pinza maldita

Para salir de la pinza maldita: mucha inflación y devaluación controlada es la política del gobierno K; hachazo devaluador con inflación controlada es la presión de los sectores rivales. La “receta” que hoy se aplica descarga el ajuste sobre el pueblo. Y la que propone otro sector del bloque dominante, solo cambia la forma en que se descarga el ajuste sobre el pueblo. Hay que ir a las causas de fondo de la inflación, y llevar ese debate a las masas, para romper esa pinza maldita.

Un estudio de la Comisión de Economía del PCR señala: “La inflación (…) beneficia a los capitalistas por el abaratamiento de la fuerza de trabajo (…). La distribución del ingreso desde una perspectiva de clase (obreros y capitalistas) era, en 1993, un 42,8% [a los trabajadores], en el año 2001 el 38,5%, y al año siguiente cae al 31,4%. En 2011, se ubica en 37,6%, muy lejos del ‘mitad y mitad’ que proclama el relato oficial K.

“Históricamente se le ha asignado un papel preponderante al déficit fiscal como una de las causas importantes de la inflación. Sin embargo, se habla menos de la principal y determinante causa del aumento del gasto, que es la corrupción del aparato estatal; el saqueo que desde el aparato estatal se ejerce favoreciendo a los amigos y en beneficio propio, así como otorgando privilegios a los capitales extranjeros que operan en el país.

“Durante la década K, el gasto público total acumula 4,3 billones de pesos. Si bien la presión tributaria (impuestos) ha crecido en forma sostenida, desde 2007 ha resultado insuficiente para cubrir el gasto. Esa brecha financiera se viene cubriendo con: endeudamiento del Tesoro en el mercado local, en otras agencias del Estado (…) a través de la apropiación de recursos públicos como las reservas del Banco Central, la ANSES y el PAMI. En cuánto a las transferencias del Banco Central por todo concepto al sector público no financiero aumentaron de $6.362 millones en 2004, a $10.296 millones en 2008, y a 30.463 millones en 2011.

“De acuerdo a las estimaciones realizadas por algunas provincias, el índice de precios al consumidor para 2012, arrojó un 25/26% anual, mientras que la emisión monetaria aumentó el 38,6%.

3. La maldita dependencia

“La oferta de bienes y servicios en la Argentina refleja su condición de país dependiente, con un grado de extranjerización, concentración y centralización del capital, oligopolios que ejercen su poder en la fijación de precios, tanto a nivel de rama como para el conjunto de la economía.

“Solo 28 empresas concentran el 81% de los productos de la canasta familiar que se ofrecen en las góndolas de los supermercados. (…) En su mayoría, son empresas controladas por capital extranjero y por unos pocos grupos económicos nacionales con inserción en los sectores productivos más favorecidos en la etapa K. Controlan porciones crecientes del ingreso nacional y tienen un rol protagónico en la generación de divisas. Este es un dato clave del “modelo”, ya que no solo “administran” las divisas del comercio exterior, sino que necesitan mantener bajos sus costos de producción a través de salarios bajos (tercerizados, empleo en negro, etc.). Y la inflación contribuye a ello al deteriorar el precio de la fuerza de trabajo.

“El crecimiento de la producción de soja va profundizando la enorme concentración de la riqueza y apropiación de la renta agraria en muy pocas manos. (…) El desplazamiento, por parte de la soja, de campos dedicados a otras actividades, en particular la producción vacuna, que al disminuir su oferta provocó una importante suba del precio. En el caso de la horticultura, el avance de la soja también impactó, aunque en menor proporción, dadas las características de este tipo de producción con fuerte incidencia de la intermediación en el precio final. Concentración y ganancias extraordinarias siguen caminando a la par con la desaparición de los pequeños y medianos productores.

“Es posible afirmar que, a partir de los 90, y en particular en la etapa K, estamos ante una etapa superior en el proceso de extranjerización de la estructura económica argentina y de manejo oligopólico de la fijación de precios para toda la economía.

“El sector externo no cumple con su función de fuente de financiamiento del crecimiento, debido a que está controlado por los capitales extranjeros. A ello se suma su creciente deterioro, en particular por el tema energético y los compromisos de la deuda, agravado por efecto de la remisión de utilidades y fuga de capitales. (…) Datos que ilustran: el superávit comercial acumulado durante la década fue de 100.000 millones de dólares, mientras que, en tan solo 5 años (2007-2012), la remisión de utilidades y fuga de capitales ascendió a 80.000 millones de dólares.”

3. Castigar en las calles y las urnas

Cómo se ve, no se puede acabar con la inflación en beneficio del pueblo sin cambiar la política kirchnerista. Tampoco con una brutal devaluación que hache los salarios, jubilaciones, planes sociales, etc.

Para acabar con la inflación hay que cambiar este “modelo”, atacando a las causas profundas que la provocan: la extranjerización y concentración de la economía, el pago de deudas ilegítimas y fraudulentas, y demás consecuencias de la dependencia que es la columna vertebral de la política K.

Para avanzar en esa dirección, es necesario unir las luchas por los reclamos populares, con la batalla política que desnude el “modelo entreguista K” y cierre el paso a las propuestas del hachazo devaluador. Unir la batalla del castigo en las calles con el castigo en las urnas. Impulsando los frentes en los que participan el PTP y el PCR, redoblando los esfuerzos para la personería del PTP y el fortalecimiento del PCR. Conscientes de que, para torcerle el brazo a esta política hay que profundizar el camino del Argentinazo y la Rebelión Agraria y Federal.

 
Autor: Ricardo Fierro