El pueblo no debe abandonar las calles

Seguimos en las calles en unidad con todas las fuerzas que integramos el Frente de Todos para resolver las emergencias, enfrentando a la oposición macrista que se moviliza buscando ahondar las divisiones en el pueblo para restaurarse.

Hora Política Hoy N° 1799

Los vaivenes de la política argentina se dan en un mundo convulsionado por las rebeliones populares, la disputa interimperialista, los nubarrones de crisis y el crecimiento de los factores de guerra. A las grandes luchas que salen en los diarios de todo el mundo, como la del pueblo de Hong Kong, la del pueblo francés o de nuestros hermanos de Chile hay que sumar una que a pesar de su inmensa magnitud es escondida y negada por los medios: la impresionante rebelión con paros y movilizaciones de 250 millones de personas en la India, que siguen en lucha.

También sigue tensa la situación después del asesinato del general Qasem Soleimani por parte de los yanquis. Irán ha tomado la decisión de salir del pacto nuclear y se ha producido el llamado al mundo islámico a expulsar a los yanquis de Medio Oriente.

Algo ha cambiado en la política internacional, sobre todo en América Latina que está recorrida por una oleada de rebeliones populares como las de Haití, Puerto Rico, Nicaragua, Ecuador, Chile y Colombia.

Con López Obrador en México y posteriormente con la derrota de Macri y el triunfo de Alberto Fernández en Argentina, los yanquis lanzaron una contraofensiva en la región.

El golpe en Bolivia, donde jugaron aliados a los sectores terratenientes de la derecha más fascista y racista, fue muestra de su necesidad de salir a enfrentar, no solo la lucha popular que se va llevando puestos a presidentes como Piñera en Chile, sino también enfrentar la creciente presencia de chinos y rusos en América Latina, a la que los yanquis consideran su patio trasero.

Los yanquis siguen con su bloqueo financiero hacia Venezuela, apoyando a Guaidó y tratando de hacer girar la política de los gobiernos de Sudamérica alrededor de la posición de repudio o no al gobierno de Maduro. El último domingo Guaidó se reunió con el presidente de Colombia Ivan Duque y el lunes con el secretario de Estado yanqui Pompeo. Con el apoyo yanqui logró el reconocimiento de 50 países.

No se puede separar esto de cómo está jugando en la Argentina la oposición macrista. La movilización al cumplirse un aniversario de la muerte del fiscal Nisman, que congregó algunos miles; y la asamblea y movilización de productores rurales –fogoneada por intendentes de Juntos por el Cambio y la Mesa de Enlace-que hubo el fin de semana en Pergamino con 700 tractores y 200 camionetas son parte de ese juego.

Macri desde sus lujosas vacaciones en el sur argentino apoya por twitter y avisa que en febrero reaparecerá para jugar con todo.

Por eso es acertada la decisión que plantea el informe del CC del PCR de enero en relación a no abandonar las calles. Se equivocan aquellos que creen que seguir en las calles pone en el blanco al gobierno.

La cuestión en todo caso es con qué objetivo salimos a las calles. Si es para defender las reivindicaciones populares, con iniciativas amplias y unitarias, que apunten a que la plata para resolver las emergencias salga de los que se enriquecieron estos años, podremos avanzar en la unidad del pueblo para enfrentar a nuestros verdaderos enemigos.

La realidad está demostrando que si las organizaciones populares abandonan las calles, las ocupa el macrismo, que ya se ubica como cabeza de la oposición y desde allí trata de ahondar las divisiones en el pueblo con sus propuestas reaccionarias, peleando por crear las condiciones para su retorno.

El viaje de Alberto Fernández a Israel para participar en la conmemoración del Día Internacional del Holocausto es parte de esta situación. Por un lado, tiene que dar muestras (según dicen) que no mezcla la ideología con la política internacional. Haciendo así un gesto a los yanquis para favorecer un acuerdo con el FMI. Por otro lado, intentará allí tener reuniones bilaterales con el presidente francés Macron y el presidente ruso Putin para hacer acuerdos.

Frente al incendio inflacionario que dejó el macrismo, las medidas de emergencia del nuevo gobierno trajeron cierto alivio para amplios sectores. Esto se da en medio de una situación que sigue siendo muy difícil para amplias masas y en un escenario donde crece la incertidumbre política y económica, tanto a nivel mundial como regional. Esto augura días convulsionados para la Argentina por su dependencia comercial y financiera– en definitiva política– de los distintos imperialismos que disputan el control del mundo. Por ejemplo, el conflicto de Estados Unidos con Irán, produjo vaivenes del precio del petróleo que inciden en Vaca Muerta y en los subsidios a las tarifas, lo que acelera la discusión sobre el congelamiento del precio de las naftas. Al producirse una tregua temporal en la guerra comercial entre los imperialistas de Estados Unidos y de China, los chinos tomaron el compromiso de comprarle entre 40 y 50 mil millones de dólares en productos agrícolas; esto repercute en Argentina porque hace prever un duro golpe para esas exportaciones por parte de nuestro país en un mercado mundial dominado por los monopolios imperialistas –por ejemplo, en Chicago ya hubo baja del 0,5% para la soja, descenso del 1,4% para el trigo y caída del 3% para el maíz–. Esto agravará la situación de los sectores oprimidos del campo pese al alivio de las recientes lluvias. Por lo que urge la implementación de las medidas de emergencia para los obreros rurales y los pequeños y medianos productores, como el demorado aumento en la suma fija de sus salarios y la segmentación en las retenciones, que requieren además el congelamiento y extensión de los plazos de los arrendamientos y aparcerías rurales para aliviar el peso de la renta terrateniente.

El drama inflacionario

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) confirmó el miércoles pasado que la inflación avanzó en diciembre 3,7% respecto al mes anterior y que el salto acumulado de 2019 fue del 53,8%. Se trata del resultado más elevado de los últimos 28 años, desde 1991, cuando se había registrado una suba de 84%, bajo el segundo año de gobierno de Carlos Menem. El rubro que mostró mayor inflación fue el de alimentos y bebidas, muy sensible a la variación del dólar, que casi se duplicó en un año, al pasar de $38 a $63 entre enero y diciembre. En diciembre pasado, las mayores subas en el índice en relación a noviembre fueron en los sectores de «comunicación» (9,6%), «salud» (5,6%) y «equipamiento y mantenimiento del hogar» (5,4%), entre otros.

Pese a los congelamientos de las tarifas y las naftas, las sumas fijas en los aumentos de salarios y jubilaciones y los acuerdos con sectores empresariales, los precios de la canasta básica de alimentos subieron 3,06% en la primera quincena de enero en CABA, según el relevamiento difundido por Consumidores Libres, que lidera Héctor Polino. Según esa encuesta habitual, los artículos cuyos precios más subieron en la quincena fueron, entre otros, la carne picada común (19,13%), té en saquitos (12,71%), naranja (12,43%), pollo (11,79%), polenta (10,47%), arroz (10,36%), huevos (7,61%), aceite (6,56%), filete de merluza (6,45%), banana (6,13%), café (5,90%) y yerba (4,56%). Por otro lado, bajaron los precios de la cebolla (17,83%), zapallo anco (9,53%), tomate perita (8,86%), carnaza (0,73%), acelga (0,53%) y paleta (0,13%), lo que hace que el promedio del aumento haya sido de 3,6% en la quincena.

En lo inmediato es posible desacelerar temporalmente el aumento de la inflación, lo que es un alivio para todos los sectores populares. Pero para acabar con la inercia inflacionaria no basta con la restricción de la emisión monetaria como fuente de financiamiento, la baja gradual de las tasas de interés condicionada por una tasa de inflación esperada, la desdolarización parcial o congelamientos temporarios de algunas variables de la economía y los necesarios controles de los precios negociados con los monopolios. Es necesario acabar con la indexación de todos los contratos vigentes formal o informalmente y la desinflación de las deudas en todos los sectores de la economía, como lo planteamos en relación a la necesidad de una reforma monetaria integral.

No obstante las intenciones anunciadas por el ministro de Economía y el presidente del Banco Central, la dinámica del primer mes del año fue poco alentadora. Los cambios en la regulación en las licitaciones de Leliq y la tenencia de pases pasivos por los bancos, y la baja gradual del piso de la tasa, son limitados sin una reforma monetaria que vuelque el ahorro en la inversión financiera a la inversión productiva. Se contradicen con un proceso de desinflación, en la medida que los pesos volcados al mercado se destinen rápidamente a la compra de bienes o al dólar paralelo, volviéndolo referencia para la formación de precios. Así no es posible augurar una desaceleración pronunciada de la inflación sino apenas un freno temporal en torno al 45%, para todo 2020.

La deuda pública

De acuerdo con los datos de los registros parciales de la Secretaría de Finanzas del Ministerio de Economía, que anticipó el portal Infobae, en diciembre la deuda pública (sólo la del Tesoro Nacional) subió a un equivalente de U$S323.177 millones. La proporción en moneda extranjera de deuda pública en el exterior y en el país, es la mayor desde la salida de la crisis 2001/02, representando el 80% del total.

En el marco de su política, priorizando las urgencias de los sectores más castigados por la política macrista, el gobierno que encabeza Alberto Fernández ha optado por una política de reestructurar los plazos de pago de las deudas, comenzando por las negociaciones con el FMI y los tenedores de bonos argentinos residentes en el exterior para postergar los pagos de éstos y sus intereses al menos por dos años. Lo que implica seguir pagando los vencimientos inmediatos de esos bonos, hasta lograr los acuerdos de las negociaciones. De ahí los U$S4.582 millones tomados de las reservas del Banco Central con un bono del Tesoro a diez años, cambiando esa parte de la deuda con el exterior que vencía inmediatamente por un aumento de la deuda con vencimiento a 10 años, ahora con un residente en el país: el Banco Central.

En cuanto a la deuda con residentes en el país (casi dos tercios del total de la deuda del Tesoro Nacional) la mayor parte está constituida por moneda extranjera –por los bonos y letras en dólares heredados del macrismo– y la otra parte es en pesos. Para la parte en moneda extranjera, el gobierno ya difirió los vencimientos hasta agosto por U$S9.000 millones de Letes del Tesoro. A la vez que viene reciclando los vencimientos en pesos a los acreedores privados con la licitación de nuevos bonos a intereses superiores a la inflación prevista, o cambiándoselos directamente por otros bonos de mayor plazo a los acreedores públicos, como continuó ocurriendo con el Banco Central o la Anses, una práctica de vieja data multiplicada por el macrismo.

Fuera de estos “reperfilamientos” de la deuda pública nacional quedan las deudas de las provincias y municipalidades acrecentadas sobre todo en moneda extranjera durante la gestión macrista, como se están planteando estos días en las provincias de Buenos Aires, Chubut, Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur y la Municipalidad de Río Cuarto, en Córdoba. En tanto, el gobierno macrista de CABA colocó también nuevos bonos en pesos a tasas mayores a la inflación esperada, para refinanciar vencimientos inmediatos.

La provincia de Buenos Aires logró que el gobierno nacional le refinancie, también a través de la Anses, los vencimientos en dólares de un préstamo tomado por la administración anterior. Y en cuanto a los vencimientos con acreedores del exterior se acopló a la estrategia de la Nación: avisó que pagará puntualmente los intereses de la deuda, pero pateará los vencimientos de capital hasta lograr nuevas condiciones de pago en consenso con los acreedores. En otras palabras, la suerte de la Provincia está atada a las renegociaciones de la Nación demoradas por el conflicto de Estados Unidos con Irán y las diferencias entre el FMI y los tiburones de Wall Street. Negociaciones que los medios vinculan con la decisión del presidente Fernández de viajar a Israel, e incluso con su visita al Papa Francisco.

La pelea por las emergencias

A un mes del ascenso al gobierno de Alberto Fernández, como parte del Frente de Todos que permitió la derrota electoral del macrismo, hemos dicho que, pese a que no somos consultados para las decisiones que va tomando el gobierno, compartimos la necesidad de priorizar las emergencias populares. Somos concientes de las limitaciones de la política del gobierno, en relación a la inflación y el brutal endeudamiento heredados del macrismo. Como partido revolucionario del proletariado que nos asumimos entendemos que lo inmediato a resolver son las urgentes necesidades de las masas más explotadas y oprimidas del campo y de la ciudad que atentan contra la propia existencia física de ellos y sus familias. Como la desnutrición extrema y las aguas contaminadas, en particular en las provincias del NOA, como hemos vuelto a ver estos días con la muerte de cuatro chicos salteños en 16 días.

Los aumentos en sumas fijas para los jubilados de la mínima y a la mayoría de los trabajadores activos, si bien achatan la pirámide de los que tienen mayores ingresos constituyen en lo inmediato un acto solidario para éstos, que ayuda en la contingencia a los sectores más rezagados. Y que puede fortalecer su liderazgo también en la lucha por recomponer los ingresos de todos los trabajadores y el pueblo haciendo que paguen la crisis los que se enriquecieron con la política macrista de inflación y endeudamiento, en particular los grandes latifundistas y monopolistas asociados a uno u otro imperialismo.

El macrismo busca ahondar las divisiones entre los trabajadores y entre los demás sectores del pueblo, como ocurre con su sesgada “defensa del campo” tratando de poner en la misma bolsa a los peones, arrendatarios y pequeños contratistas con los grandes terratenientes y pules. También en lo social, como ocurre con el infame uso de las “informaciones” de los servicios imperialistas en torno a la muerte del fiscal Nisman.

La derrota de Macri en las calles y en las urnas creó mejores condiciones para la lucha popular. Seguimos en las calles por las emergencias peleando en unidad por resolver los reclamos de los trabajadores y todos los sectores del pueblo del campo y de la ciudad .Teniendo en cuenta que el macrismo trata de utilizar a su favor las limitaciones de las medidas del gobierno de Alberto Fernández, ahondando la división social y cultural con la que gobernó, es necesario jerarquizar la labor del Partido y su Juventud entre las masas, para incidir en el debate político que está en todos los sectores de la sociedad argentina. Fortalecer y ampliar las organizaciones del PCR y la JCR entre las masas de esos sectores es fundamental para ganarlas para el camino revolucionario, único que puede acabar con las lacras del latifundio y la penetración de los distintos imperialismos, que hoy condenan al país al atraso y la dependencia: el camino de la revolución de liberación nacional y social.

Escriben Eugenio Gastiazoro y Jacinto Roldán