Otto Vargas: la historia de un comunista apasionado

Organizada por la Comisión de Homenaje a Otto Vargas, el jueves 12 de marzo se realizó en la Asociación Bancaria de Mar del Plata, un homenaje en su nombre.

El formato charla para afiliados y amigos fue lo organizado para poder profundizar sobre la historia y las enseñanzas del recordado Otto.

Del panel participó Osvaldo Macedo, referente de la JCR, quien introdujo a la charla con unas palabras. “Es un honor compartir esta mesa y ser integrante del Partido de Otto Vargas, quien con su ejemplo y su vida ilumina a cientos de jóvenes que se suman a la lucha por la revolución”.

Luego tomaron la palabra Matías Maciel, Secretario del PCR Mar del Plata y Rosa Nassif del Comité Central del PCR.

Rosa Nassif

Es muy emotivo participar hoy en este  Homenaje a Otto Vargas y es también una alegría muy grande estar nuevamente en Mar del Plata con ustedes. Por otro lado, es bueno darnos este tiempo de reflexión, inmersos en cambios vertiginosos que tan bien describió Matías en nuestro país y en el mundo. Con grandes requerimientos a los que debemos responder, en una situación política muy compleja, muy difícil y a la vez en la que  existen  muy buenas perspectivas para el desarrollo de nuestra fuerza revolucionaria y para el fortalecimiento del Partido. Pero creo que es muy importante poder compartir también momentos como estos que nos ayudan a pensar de dónde venimos y a dónde queremos ir. Y en esto nos orienta reflexionar sobre la vida de Otto y de su legado.

Que nosotros no tengamos hoy a Otto Vargas es una pérdida inmensa, de esas que uno tiene alguna vez en la vida y que solo se pueden dimensionar con justeza con el paso del tiempo. Su ausencia se siente cada vez que uno querría saber qué diría Otto, preguntarle qué hacemos con esto o con lo otro y se da cuenta que no está. Es cierto que uno encuentra cierto consuelo pensando en todo lo que él nos dejó. Sobre todo la convicción que él tenía, que Matías lo reflejó muy bien, que solo podemos resolver nuestros desafíos colectivamente, en nuestro Partido. Un Partido que se encuentra unido, en una unidad  que también aprendimos con el maoísmo, no es la unidad de lo homogéneo, no es la unidad donde todos somos y pensamos iguales, sino que es la unidad que se logra reconociendo y respetando las diferencias, unidos alrededor de una línea política  que se construye colectivamente, guiados por el marxismo y por la decisión de ser el Partido que ayude a que la clase obrera logre su misión histórica: la sociedad sin explotadores, ni explotados, la sociedad comunista. Otto fue verdaderamente un maestro en ayudar a que se gestara esa unidad  y a que comprendiéramos que la unidad de los comunistas era necesaria para  que la clase obrera pudiera cumplir el rol de vanguardia del conjunto del pueblo para derrotar a sus enemigos en un proceso verdaderamente revolucionario.

Matías ha reflejado con bastante precisión y a la vez sintéticamente lo que le debe nuestro partido a los aportes de Otto Vargas. Esto me permitirá a mí referirme a otro aspecto que considero sustancial: tratar de conocer cómo llegó Otto a ese momento en el que tomó la decisión de sumarse a los miles de jóvenes que, enfrentados igual que él a la dirección del Partido Comunista, decidieron romper con éste y fundar  el PCR.  Hay que tener presente que en gran parte de nuestra generación, hablo de la de mediados de la década del 60, en general militantes universitarios, estaba la convicción de la necesidad de construir un  partido político verdaderamente revolucionario dado que el que tenía que serlo, el Partido Comunista, hacía tiempo había abandonado esas banderas y se había transformado en una organización oportunista de derecha, revisionista y había renunciado a la lucha armada por el poder siguiendo la línea del 20 Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Retomando la idea de conocer un poco más de la trayectoria de Otto Vargas previa a nuestra confluencia en la fundación del PCR, historia que conocimos en muchas charlas con él y, principalmente en la lectura de dos libros que los invito a leerlos: ¿Ha muerto el comunismo? Conversaciones con Otto Vargas, de Jorge Brega, y un libro de historia oral, Para una historia del maoísmo argentino. Entrevista con Otto Vargas, de Mariano Andrade, para que ustedes puedan tener  en primera persona y no sólo  a través de los recuerdos de cada uno de nosotros que, a pesar de los esfuerzos que uno pueda hacer, no dejan de ser subjetivos.

Otto nació el 3 de setiembre de 1929, un momento muy especial del mundo y de la Argentina. En medio de una de las crisis más grandes de la historia que repercutió muy fuerte en nuestro país, comparable solo a esa otra gran crisis, la del 2007, que Otto ayudó mucho a que la registráramos y a cómo abordarla. Nace en una localidad de la Patagonia, de la Patagonia norte, en Choele Choel, en la actual provincia de Río Negro, y se criará en la isla de Choele Choel, en Luis Beltrán, que anteriormente se llamaba Colonia Galesa, una zona agrícola muy especial, un oasis en medio del desierto. Una de las cuestiones que a nosotros, los provincianos, nos identificaba mucho con él, era el amor que tenía a su terruño, el gran amor por su tierra.  Nunca, nadie que lo conoció y pudo charlar un rato con él dejaba de saber que era un hincha fanático de River y que había nacido en el lugar donde se producía la mejor fruta del país. En una familia y en una zona de inmigración europea donde se convivía con los pobladores originarios, los verdaderos dueños de esas tierras, que habían sobrevivido al gran genocidio que fue la llamada Conquista del desierto. Posiblemente esta cercanía influyó en la importancia que Otto le daba a la cuestión indígena. Él nos ayudó mucho a comprender que el problema campesino era un problema profundo, pero que el problema de los pueblos originarios no se reducía al problema campesino. Sino que era una cuestión que tenía su especificidad y que tenía que ver con que eran pueblos y naciones, con su cultura, su lengua y su historia, que habitaban en nuestro territorio mucho antes que se conformara la Nación Argentina, que teníamos que comprender que somos un país plurinacional.

El que viviera en un pueblo de hijos de inmigrantes explica también lo que él siempre contaba de cómo le había impactado de niño la Guerra Civil Española. En el año 36 Otto tenía sólo siete años y, sin embargo, recordaba perfectamente las actividades que hacían todos los chicos del pueblo juntando, por ejemplo, el papel plateado de los cigarrillos para mandarles a los que luchaban en defensa de la República contra lo que sería después una de las dictaduras fascistas más prolongadas de la historia, como fue la de Franco. También recordaba que en su niñez aprendió, producto de la gran crisis, lo que era la pobreza. Su padre se quedó sin trabajo y tuvieron que trasladarse a Bahía Blanca a vivir con los abuelos. Otto contaba como ejemplo de esa época, con ese rasgo que lo caracterizaba de referirse a cosas importantes a través de anécdotas, que él conoció lo que era la pobreza de ese período en la Argentina en ese barrio obrero de Bahía Blanca donde los chicos jugaban descalzos a la pelota, sin ningún porvenir… que esta realidad era lo único que permitía entender lo que había significado el peronismo. Es decir, que quien no había vivido esa realidad y no registraba a la Argentina previa al peronismo, no podía entender jamás lo que había sido Perón para las grandes masas de nuestro país.  Y lo ilustraba con el hecho de que cuando él volvió para hacer el secundario en Bahía Blanca, en el año 43, 44 hasta el 46, 47… se encontró que esos chicos descalzos se habían transformados en obreros ferroviarios o portuarios o habían encontrado su destino en una fábrica.

Otto Vargas le cuenta a Andrade que él no tenía militancia política antes de llegar a la Universidad pero que él espontáneamente se consideraba socialista. Por eso cuando llega a Buenos Aires para inscribirse en la escuela de Náutica un obrero paraguayo que vivía en la misma pensión que él advierte que no era peronista como el resto y le acerca el periódico del Partido Comunista. Allí descubre que el Partido tenía una librería y compra todos los libros que puede: EL Estado y la Revolución, El Imperialismo, obras de Marx… como no puede entrar en donde quería inscribirse vuelve a Río Negro y, como él dice, devora todos esos libros. Y cuenta que cuando vuelve a estudiar en La Plata venía con todas esas ideas en la cabeza y él mismo va a afilarse al local del Partido Comunista porque quería hacer  algo. Se incorpora a la Federación Juvenil Comunista y comienza una militancia frenética en la Facultad de Derecho. Y desde entonces Otto se consideró un comunista y lo reafirmó hasta el fin de sus días con su práctica revolucionaria.

Otto Vargas era un comunista

Otto era un comunista, y ¿qué es ser comunista? Es luchar por dar vuelta y tratar de cambiar la injusta realidad que vivimos, pelear por una sociedad distinta, donde sea posible verdaderamente la igualdad, donde no haya explotadores ni explotados. Una sociedad de iguales que fue el sueño que alentó a los seres humanos desde hace miles de años, desde las primeras rebeliones de esclavos y por el que lucharon y dieron la vida la primera comunidad de cristianos. Porque el punto de partida de los comunistas como el de todos los revolucionarios, es querer terminar con esta injusticia que vivimos, como les escribió el Che a los hijos en su carta de despedida: sentir como propia la injusticia cometida contra cualquiera en cualquier lugar del mundo, esa es la cualidad más linda de un revolucionario, lo estoy citando de memoria…, yo les remarco esto, en el sentido de que nosotros queremos, y vamos a luchar, lo dijo muchas veces  Otto, “ con el mismo entusiasmo y la misma convicción de aquel primer momento que decidí que quería ser comunista.

Para llegar a esa sociedad, nosotros aprendimos después, que no es una lucha corta, que es una lucha larga, que el socialismo es solo el comienzo de la construcción de esa nueva sociedad y que no era como nosotros pensábamos que era un punto de llegada, que no se podía volver atrás, pero se volvió para atrás, se restauró el capitalismo en la Unión Soviética y la comprensión de esto fue un dolor muy profundo para todos los revolucionarios del mundo. Otto recuerda en relación a ese gran golpe que cuando a la viuda de Chou Enlai, uno de los principales dirigentes del PC de China, le preguntaron cuál creía que había sido el momento más difícil en la vida de su marido, dijo que cuando tuvieron que romper con la URSS. Comprender que la Unión Soviética, el primer país que había logrado liberarse y comenzar a construir una sociedad mucho mejor que la capitalista, donde habían logrado que los obreros y los campesinos vivieran bien, tuvieran una casa, tuvieran trabajo, que las mujeres iniciaran un proceso de liberación muy profundo. Que además su participación había sido, bajo la dirección de Stalin, decisiva para la derrota del fascismo, que ese no era ya el país que conocería Otto, cuando a partir del año 56 asume tareas internacionales en la Federación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD) en representación de la FJC. El choque con la realidad de la URSS y los otros países del Este europeo tan diferente del socialismo soñado y del que él en parte había conocido en otro viaje realizado en el año 51 por Alemania Oriental y Polonia. La conmoción de comprender que esas sociedades no tenían ya nada de socialistas y reconocer que había desaparecido en el pueblo todo fervor revolucionario, fervor que sí se mantenía en China, fue el inicio, posiblemente, de las reflexiones que lo llevarán luego a chocar con la dirección del PC, junto con José Planes y José Ratzer, y a la ruptura que dará origen al PCR.

El choque con la realidad de la URSS y de los países del Este Europeo y el contraste con China

Estamos hablando de la época posterior a 1957; cuando él llega a Hungría a hacerse cargo de sus tareas en la FMJD habían pasado pocos meses desde que los tanques rusos invadieron ese país para aplastar un levantamiento que, como advierte Otto, no fue porque el pueblo húngaro quisiera el capitalismo sino un socialismo mejor. Viaja por Bulgaria, Checoslovaquia, Moscú, cuando ya está en pleno desarrollo el 20 Congreso del PCUS, que producirá una revisión total del marxismo, sostendrá la coexistencia pacífica y redundará en un profundo escepticismo revolucionario. En contraste con esto, recuerda Otto en la entrevista con Andrade, está el entusiasmo revolucionario que él ve cuando visita China en el año 1954; al igual que Planes se da cuenta de la diferencia con los otros países del Este donde, sobre todo en los jóvenes, se observa una falta total de fervor revolucionario. Ustedes dirán, por qué tanta importancia a esta cuestión que uno puede decir, es sólo un estado de ánimo, es un sentimiento, pero sin ese sentimiento no queda nada de la revolución, como dijo Mao Tsetung. Porque la revolución necesita de esa pasión que nos compromete de por vida y que nos sostiene a pesar de todas las dificultades en el objetivo de luchar por un mundo mejor, por una sociedad que pueda terminar verdaderamente con diez mil años de explotación de los seres humanos, esa pasión que Otto mantuvo hasta su muerte.

La realidad de la revolución  china lo impacta profundamente, aún antes de que él adhiriera al maoísmo; en plena polémica entre La URSS y China, los dos grandes países socialistas, que hasta entonces aparecían unidos; en medio del debate producido por el 20 Congreso donde se defenestra a Stalin y  había muchas dudas y mucha confusión, se pensaba que sólo se trataba de corregir errores, de buscar un nuevo camino que, como dice Otto, era necesario porque se había asfixiado la vida democrática de esa sociedad, y él reconoce que en ese momento dio una respuesta muy equivocada y que cuando conoció al Che en Cuba éste le dijo que era una pavada y que la URSS estaba reivindicando el camino pacífico. Fue un momento de mucha confusión, recuerdo que escuché a Otto en el Tercer Congreso del PCR cuando adherimos al maoísmo, referirse a ese período con una frase de don Ata: busqué rumbo y me perdí. Poder comprender en profundidad lo que había pasado se lo debemos a Mao Tsetung; con el maoísmo comprendimos por qué una sociedad socialista podía transformarse nuevamente en capitalista, porque en ella seguían existiendo clases y lucha de clases y la burguesía iba a tratar una y mil veces de recuperar el poder, y para impedirlo era necesario continuar la revolución, este fue el gran aporte de la Revolución Cultural Proletaria, nos  enseñó que la revolución tiene que continuar después que el proletariado y el pueblo tomen el poder. O sea, que no es que triunfábamos y se acababa la lucha, sino que por el contrario ésta se hacía más encarnizada y como dijo Mao Tsetung y la realidad de China lo demostró, no está dicho quién ganará finalmente. La revolución también fue derrotada en China y esta es hoy una gran potencia imperialista que disputa por el control del mundo, pero no quita la importancia que tiene el aporte de Mao porque como dijo Jorge Rocha en un Homenaje a Mao Tsetung en la Facultad de Ingeniería de la UBA, no es lo mismo ser derrotados y estar ciegos sobre las causas de la misma que conocerlas y saber cómo enfrentarlas. Y lo que a nosotros nos alienta principalmente es la convicción de que hay una sociedad mejor que ésta por la que vale la pena luchar y vale la pena dar la vida. Y ese fue el convencimiento de Otto Vargas que cuando le preguntaban cómo se sentía con todo lo que había pasado en estos años de derrota y de revanchismo de la reacción, él decía  que no había perdido a pesar de los años ni un chiquito así de la convicción y el entusiasmo que tenía cuando a los 20 años lo miraron como un extraterrestre porque fue a la sede del Partido Comunista y dijo quiero ser comunista y vengo a afiliarme.

La fundación del PCR

Quiero contar para ir terminando cómo fue la confluencia que dio origen al PCR, porque como dije antes, todas las cosas tienen una historia. Hay que tener en cuenta la época, la década del 60, donde la Revolución Cubana fue frente al XX Congreso, como dice Otto, una inyección de confianza revolucionaria. Ésta tuvo, de diferentes modos, una enorme influencia en los tres afluentes que conformamos el PCR. Uno de ellos lo conformaban los menos jóvenes aunque tenían sólo treinta y algo de años, entre los que estaba Otto, junto a Ratzer, Planes y algunos otros miembros del PC. Ellos entraron en contradicción, como explica en detalle Otto en los dos libros que les cité al inicio, primero con el convencimiento de que lo que había en la URSS ya no era socialismo y después con la dirección del PC ¿Por qué entran en contradicción con el PC? Porque descubren que en un momento en que ya está el ejemplo de la Revolución Cubana que demuestra que solo se puede llegar a hacer una revolución a través de la lucha armada y que es muy posible cerquita del imperialismo yanqui, el PC sigue planteando el camino pacífico apoyando a las burguesías nacionales, negando en la práctica la necesidad de la hegemonía obrera para el triunfo de la revolución. Ellos polemizan ya desde el año 62 con lo que caracterizan como oportunismo de derecha del Partido Comunista, en coincidencia con las tesis del XX Congreso del que hablamos. Como ellos dirigían la Juventud, Otto estaba en propaganda, Planes en Organización, Ratzer no recuerdo, Berstein era el secretario de la FJC pero no viene al PCR, la dirección del PC resuelve, como resolvía el PC las diferencias, que no es discutiendo como lo hacemos nosotros sino con una maniobra: los dispersa y los envía a cada uno a diferentes tareas. A Otto lo mandan de Secretario de La Plata. Por supuesto que eso no puede impedir que sigan pensando y que se profundizaran las diferencias que tenían con la dirección del PC, que se agudizaran al máximo con la indignación que produce, particularmente en Otto, la actitud aberrante de ésta ante la lucha y asesinato del Che Guevara en Bolivia.

A la vez, en la Juventud, sobre todo en la juventud universitaria, los jóvenes que son mucho más drásticos, digamos así, ante las grandes diferencias que tienen con la dirección deciden que hay que empezar a juntar fuerzas contra ella porque hay que organizar otro partido y empiezan a fraccionar el Partido Comunista. Otto siempre dijo que ellos no fraccionaron y a la vez reconocía que solo con la tarea de esos jóvenes fue posible la ruptura más grande que tuvo el PC. En la misma se fueron cuatro mil afiliados, en realidad los echaron cuando la dirección vio que en el Congreso de la FJC que se preparaba la fracción eran mayoría. Los compañeros de la FEDE dirigían junto al MENAP, la FUA. Cuando uno habla de la FUA hay que aclarar que aquélla no tenía nada que ver con lo que es hoy la FUA, que es una cáscara vacía a la que es necesario recuperarla rápidamente para que sirva para algo. En aquella época la FUA era una gran organización de masas que nucleaba a la mayoría del estudiantado argentino y que, para que tengan una idea, cuando se dio el golpe de 1966 que instaló la dictadura de Onganía y la mayoría del movimiento obrero estaba bastante aplacado, con Perón llamando a desensillar hasta que aclare, los estudiantes dirigidos por la FUA enfrentamos a esa dictadura desde el primer día y le hicimos varios paros nacionales. A esa FUA la dirigían Jorge Rocha que era de la FEDE al igual que el Negro Sofía y Raúl Salvarredy que era del MENAP. Cuando hablo del MENAP, Movimiento Estudiantil Nacional de Acción Popular, les veo cara de no saber de qué se trata, pues bien, es el tercer afluente que confluye en la fundación de nuestro Partido y no tienen que olvidarse porque yo vengo de ahí (risas). Hablando en serio, es bueno analizar ese movimiento porque es muy probable que pueda volver a darse que en un momento de gran radicalización política como fueron aquellos años surja en el movimiento estudiantil una corriente revolucionaria de masas, una corriente de izquierda independiente que no pertenezca a ningún partido político. En nuestro caso, muy influenciados por la Revolución Cubana y sobre todo por el Che, teníamos la certeza que el PC era incapaz de encabezar un proceso revolucionario y que era necesario formar un nuevo Partido. Por eso, era una decisión que no nos costó sumarnos masivamente como corriente a la fundación de lo que sería el PCR y que se llamó inicialmente, PC (Comité Nacional de Recuperación Revolucionaria) que manifestaba la idea de que se podían recuperar cuadros importantes del aquel partido. Estos fueron los tres afluentes que convergieron en la fundación de nuestro Partido, en el entronque como decíamos en aquel momento.

Inicialmente teníamos claro el objetivo revolucionario y la lucha contra la dictadura pero mucha confusión teórica, ideológica y política. Otto, que fue elegido secretario general desde la fundación, jugó un papel sustancial en la elaboración de los grandes nudos de línea teórica y política a los que ya se refirió Matías. Otto fue de lejos el más claro de todos nosotros, porque tenía una formación y una experiencia política y teórica que no teníamos ninguno, que después luchamos por adquirirla. Creo que por eso Otto insistió siempre tanto y es uno de sus principales legados, que es necesario estudiar, estudiar el marxismo y sus desarrollos, el leninismo y el maoísmo, estudiar la historia de la Argentina y la filosofía, fundamentalmente la dialéctica materialista que nos ayuda a cambiar el método de pensamiento y nos aleja tanto del dogmatismo como del eclecticismo. Otto reunía todo eso y sus obras de integración del marxismo a la realidad argentina como El modo de producción dominante en el Río de la Plata y El marxismo y la revolución argentina dieron el basamento teórico y científico a la línea política táctica y estratégica del Partido. Uno de los primeros debates en que su posición fue decisiva al inicio del Partido fue, si íbamos a ser un movimiento amplio que en realidad recubriera a un grupo que estuviera en la lucha armada, como eran muchos de las organizaciones revolucionarias que surgieron en ese momento, o íbamos a ser, como definimos en muestro Primer Congreso el partido de la clase obrera, capaz de dirigir al conjunto del pueblo a una insurrección triunfante; nuestro Partido se unificó en la comprensión de que la revolución la hacen las masas, que la lucha armada no podía ser atributo de un grupo por más heroico que fuera sino que tenía  para triunfar que ser protagonizada por el pueblo, dirigida por la clase obrera y donde el Partido debía pugnar por ser su vanguardia. Ese mismo proceso y esa misma comprensión, llevó a que la mayoría de nosotros, estudiantes, nos volcáramos a trabajar en la clase obrera. Por eso perdimos la FUA, pero fue una decisión justa porque en ese proceso ganamos el SMATA de Córdoba, con Salamanca y con Gody Álvarez rescatando el clasismo revolucionario en la Argentina y la unidad obrera y combativa en la CGT en Córdoba.

También fue Otto, como dije antes, el que encabezó la lucha por la maoización del Partido y el que  nos ayudó a entender que en un país como la Argentina no sería posible una  revolución si los comunistas no éramos capaces de unirnos  con las grandes masas peronistas, cerrando las heridas que se habían abierto con la errónea línea seguida por el PC en la década del 40 que terminó uniéndose con lo peor de la oligarquía y la reacción en la Unión Democrática, enfrentando a Perón en las elecciones del 46 y, luego, su papel en el golpe de 1955. Por eso ustedes habrán escuchado decir a los más viejos que con la línea antigolpista sellamos con sangre, con nuestros mártires y los mártires del peronismo, aquella vieja herida y que a la vez permitió que una corriente del peronismo comprendiera que no todos los comunistas éramos iguales y que el anticomunismo era también un arma de la reacción.

Por eso, y para terminar, me parece que Otto estaría muy contento de ver que nosotros, en un nivel superior, digamos así, hemos sido capaces nuevamente de anudar esta alianza importante con el peronismo que se expresó en el Frente de Todos permitiéndonos derrotar electoralmente a Macri y terminar con cuatro años de sufrimientos incalculables para nuestro pueblo. Y, como decía Matías, no concebimos este logro para volver atrás ni para quedarnos con lo conseguido, sino para avanzar hacia nuestro objetivo: la revolución de liberación nacional y social que abra paso al socialismo y al comunismo; que fue el objetivo de la vida de Otto y de muchos otros compañeros queridos que hemos perdido en estos años; una pérdida que no terminamos de elaborar.

Por eso decimos con todo el corazón y con toda nuestra fuerza: Otto querido, hasta la victoria,  Siempre!

Matías Maciel

Escuchaba las palabras de Lidia Braceras en el Acto homenaje a Otto que se hizo en Quilmes y la reflexión que se me vino a la cabeza inmediatamente es que la vida de Otto estuvo atada a la vida y la lucha del pueblo. Su hija decía en el acto en Chacarita «Otto le pertenecía a su partido». Dos fenómenos unidos e inseparables. Otto fue nuestro secretario desde la fundación hasta su fallecimiento. Sus palabras y reflexiones eran una guía para la acción. Porque eran suyas y al mismo tiempo de todos y de todas. Era un hombre de partido. Sus palabras eran potentes porque eran elaboraciones colectivas que él ayudaba a sacar y que comunicaba con una claridad extraordinaria. «La historia de un partido es la historia de su clase» decía Otto en el libro Conferencias… por eso cuando uno recorre la vida de Otto recorre la historia de la clase obrera y del pueblo. Con sus avances y sus retrocesos. Y también recorre los inmensos aciertos de la línea del PCR desde su fundación hasta el presente. La denuncia al revisionismo y la traición al Che. La lucha contra la dictadura de Onganía y el rol del SMATA y Salamanca en el Cordobazo, la posición ante el golpe, la postura ante la guerra de Malvinas, la lucha teórica y política contra la ofensiva anticomunista en los 90, la línea del Argentinazo, el papel de la «nueva izquierda» con los Cayetanos. Solo para nombrar algunas.

La importancia del aporte del maoísmo, luego de viajar a China en el 72: sin lugar a dudas uno de los aportes más grandes que ha hecho un revolucionario latinoamericano, no solo a nuestro Partido, sino a la revolución de todos los países de América.

Son fundamentales, también, los aportes teóricos sobre la historia del movimiento obrero, sobre la caracterización de nuestro país y el tipo de revolución. Sus aportes políticos y teóricos sobre el rol de las mujeres, de los desocupados, de los campesinos pobres y medios. También de los originarios.

Como decíamos su vida y su obra están penetradas por la historia de la lucha de clases. Por lo tanto, estudiarlas nos sirven para comprender mejor nuestro presente e iluminar nuestra práctica futura.

Hacemos este homenaje en un contexto muy convulsionado. Hay una tormenta mundial en la economía. Se derrumban las bolsas en todo el mundo y la recesión asoma con una realidad global. El coronavirus puso de manifiesto una realidad que se viene incubando. La concentración monopólica y el capital financiero traban el desarrollo. El desarrollo desigual hace que las ganancias monopólicas se sustenten sobre la miseria y el atraso de los países dependientes y del tercer mundo. Avanza también la explotación de la clase obrera de sus propios países. Estas burguesías sustentan su voracidad con una ideología racista y xenófoba que nos recuerdan a los momentos más difíciles de la clase obrera.

Esto tiene su contrapartida. Luchas inmensas. Y un epicentro es América Latina. La resistencia al golpe de Estado en Bolivia, la rebelión del pueblo chileno, las huelgas obreras y campesinas de Ecuador y Colombia. Las luchas en Brasil por la liberación de Lula y contra el ajuste de Bolsonaro y por supuesto la resistencia de Venezuela a los planes intervencionistas de Trump y sus aliados locales.

Se puede mirar desde muchos aspectos el triunfo del Frente de Todos en Argentina. Pero hay dos que conviene jerarquizar. El pueblo argentino no quiere retroceder y las elecciones significaron un golpe a los planes de la derecha latinoamericana y el imperialismo yanqui. Esto está expresado en las innumerables luchas, en los niveles de conciencia y organización. Por eso decimos que no hay que abandonar la calle. Ahí es el territorio donde se construye la unidad y se desarrollan conciencias. Ese es el principal escenario de acumulación de fuerzas de los sectores populares. Por eso valoramos como positivas las jornadas del 12 de febrero contra la deuda y la jornada y paro de mujeres del 8 y 9. También las movilizaciones campesinas a la Sociedad Rural y distintas plazas del país contra el paro de la Mesa de Enlace. Y la rebelión de las bases federadas y seccionales de FFAA que no se sumaron al paro patronal.

El FMI, el capital financiero y los oligarcas del campo no están dispuestos a ceder y quieren condicionar la política económica y atar de pies y manos al pueblo.

No aceptan ni medidas reformistas leves como fue la reforma impositiva en la provincia de Buenos Aires, ni la suba del 3% de las retenciones a la soja de los productores de más de mil toneladas. Ellos no aceptan nada, mientras nuestro pueblo se hunde en la miseria y el hambre.

La deuda es con el pueblo. No es mi intención llenarlos de números, pero refrescar la realidad en la que vivimos es importante para apuntar nuestra actividad, jerarquizar nuestro papel y afinar el programa antiterrateniente y antiimperialista.

Contamos con las tierras más fértiles del mundo, donde más rinde por hectáreas tiene la soja, el maíz, trigo, sorgo, etc., y el precio se fija en el mercado de Chicago (EE.UU.), muy por encima del costo de producción argentino.

La cosecha 2018/2019 fue récord, con 147 millones de toneladas de granos. La producción de maíz (57 millones de toneladas) superó a la de soja (55,3 millones), y se aprecia una gran concentración de la propiedad de la tierra y de la producción y comercialización.

Esto se demuestra palpablemente en la provincia de Buenos Aires, según informa el Censo Nacional Agropecuario: 2.516 establecimientos agropecuarios, propiedad de apenas 211 familias y/o sociedades, son dueños de 11,1 millones de hectáreas. Entre ellos están los Blanco Villegas, la familia materna del ex Presidente Macri, con 25.000 hectáreas en Tandil. Para dimensionar estos datos, esos 11,1 millones de hectáreas son el 43% de los 25,8 millones de hectáreas cultivables de la provincia, que tiene más de 17 millones de habitantes, el 37% de ellos pobres (sus ingresos son menores que el valor de la canasta básica total).

En el resto del territorio nacional la distribución es igual o peor.

Un dato escalofriante es que contando con 45 millones de habitantes, hay unas seis mil familias y sociedades (como vimos, muchas de ellas extranjeras) que controlan por propiedad o por alquiler el 48 por ciento de la tierra cultivable argentina, tierras que se vuelven altamente productivas por la combinación de la siembra directa y el cultivo transgénico.

La pesca, no escapa a esta realidad. El 95 de las proteínas generadas se consumen a más de 12 mil km de la Argentina. Sí, el 95%! Argentina es el país con menos consumo de pescado de la región. Los recursos son vistos como commodities y muchas empresas invierten como NewSan y Fiat para extraer dólares para luego importar materiales industriales. Además, está absolutamente concentrada y extranjerizada. Las primeras 10 empresas, en su mayoría extranjeras, exportaron el 85%. Los que se beneficiaron con años de altos precios de la pesca del langostino ahora están realizando preventivos de crisis, para que la crisis la paguen los trabajadores. Valoramos como positiva la segmentación de las retenciones y el estímulo a la producción en tierra. Esta medida debería haber sido inmediata. Diferenciar por especie y escala en el esquema de retenciones es algo crucial, también lo es el respeto a los convenios colectivos y derechos laborales. No deben ser los trabajadores los que paguen los platos rotos sino los que hicieron fortunas estos años. Fábrica que cierra hay que estatizarla. El Estado necesita producir alimentos para el plan Argentina Contra el Hambre y los trabajadores no pueden quedarse en la calle. Hay experiencias en otras provincias.

El pueblo argentino tiene un enemigo fuera de las aguas jurisdiccionales, esto mucho no se conoce. Unos 350 barcos extranjeros vienen pescando calamar y otros recursos, desde principios de año. También en Malvinas hay una flota de cien buques que obtiene 50 toneladas por día cuando en aguas nacionales, con suerte, llegan a las 30 toneladas. Esto atenta contra nuestra soberanía alimentaria y territorial.

Por último, hay que evitar la importación del buque Frigosen VIII, un buque de casi 40 años! Esto significaría un duro golpe para la necesaria renovación de la flota que reclaman los trabajadores, la multisectorial Ningún Hundimientos Más y una parte importante de la sociedad.

Lo mismo pasa con la extracción de petróleo y gas, cuyo costo interno es mucho menor que el precio internacional. La renta en la extracción del oro y de la plata, ante la suba constante en el valor de esos minerales, refugio de la crisis internacional y ahora exacerbada por el coronavirus. En 2019, se obtuvieron ingresos por sus exportaciones por 2.839 millones de dólares. La renta de los bancos, y sus dueños, que en plena recesión económica del país obtuvieron en promedio y en conjunto una rentabilidad sobre su patrimonio del 48,92% para 2019. Unos 4.000 millones de dólares.

Todo este recuento sirve para refrescar nuestro programa y estar claros de una cosa que siempre repetía Otto “los de arriba no abandonan sus privilegios”. Si queremos resolver tierra, techo y el trabajo y apostar a un desarrollo autónomo, es necesaria una gran revolución que barra con este Estado oligárquico terrateniente y construya un Estado dirigido por la clase obrera y el pueblo.

Tocarles algunos intereses no es suficiente. Es necesario ir a fondo. Valoramos como positivas algunas de las medidas adoptadas por el gobierno, somos conscientes del verdadero desastre que nos dejaron cuatro años de macrismo y del difícil contexto político económico que atraviesa el mundo y la región. Y es justamente por todas estas consideraciones que decimos que se deben acelerar y profundizar las medidas y que, con protagonismo popular y lucha en la calle, se deben tomar las medidas necesarias para que la crisis no la siga pagando el pueblo y lograr un país con tierra, techo y trabajo.

Seguir el camino de Otto significa no abandonar la lucha por la revolución y también defender eso que les decía el Che a sus hijos: «cada uno de nosotros solos no vale nada».

Viva Otto Vargas! Viva la lucha de los pueblos del mundo! Viva la revolución!