Argentina en default

Los obreros de Emfer-Tatsa muestran el camino para no pagar los trabajadores el default.

Los obreros de Emfer-Tatsa muestran el camino para no pagar los trabajadores el default.

Tratando de quitar dramatismo a lo sucedido el día anterior, el viernes 31 de julio la presidenta Cristina Fernández arrancó diciendo que no teníamos por qué preocuparnos, que «el mundo sigue andando y la República Argentina, también».

1. El afán de negar la realidad

En su extensa alocución, solo equiparable por sus vueltas a las dos largas cátedras previas de su profesor Kicillof, Cristina Fernández ratificó el poco contenido sustancioso de las mismas (ver nota en página 3),  negando una realidad que ya es evidente para todo el mundo: “Ahora inventaron una nueva: default selectivo. No existe”.

Con ello se refería a la calificadora yanqui Standard & Poor’s, que había colocado a determinados títulos de la deuda argentina (los Discount) en situación de default. De ahí lo “selectivo” que no es un invento nuevo, lo mismo que la calificación de «default parcial» asignada, por eso mismo, por la también yanqui Fitch Ratings. A lo que no se refirió, porque no se animaron a pasarle el dato o por su propia actitud negadora, es que simultáneamente la calificadora de riesgo oficial de China, Dagong Global Credit Rating, había bajado la nota de la deuda soberana argentina directamente a situación de «default».

El informe de la calificadora de China dice que «el gobierno argentino falló en realizar un pago acordado para el 30 de julio, violando la voluntad de los tenedores de bonos e inflingiéndoles una pérdida material. En consecuencia, Dagong determina que el gobierno argentino ha incumplido con sus bonos en moneda extranjera». Y agrega: «Dagong sostiene que el fracaso del gobierno de Argentina para pagar los intereses de los bonos entra en el criterio de esta agencia sobre deuda en default».

Es que Dagong, como calificadora de riesgo de un país también imperialista, se atiene a las mismas reglas “de mercado” de las calificadoras de los otros países imperialistas. El gobierno K quiere negar esta regla. Dice que pagó porque depositó esos fondos en las cuentas del Banco de Nueva York (abiertas a esos efectos en el Banco Central), cuando ya en el prospecto del canje de 2005, firmado por el propio gobierno se dice, en el articulo 2, inciso «A» que “la obligación de la Argentina de hacer los pagos de capital e intereses no será satisfecha hasta que esos pagos sean recibidos por los tenedores”.

2. El revoloteo de los buitres

A todo esto se suma el inmediato accionar de otro banco imperialista, la Unión de Bancos Suizos (UBS), que busca una inmediata definición sobre el cobro de los seguros que los buitres habían tomado para cubrirse para el caso de default de la Argentina. Así se convocó de urgencia al comité para la región en Nueva York dela Asociación Internacionalde Swaps y Derivados (ISDA, por su sigla en inglés). El mismo, con voto unánime de sus quince miembros, determinó que lo ocurrido el pasado miércoles 30 –fecha en la que ocurrió el vencimiento de los intereses del Discount– era un evento de «incumplimiento de pago» (forma elegante de no utilizar la palabra default, ya que Cristina y el “rubiecito” la niegan). Así, habilitó el mecanismo de pago de contratos de seguro contra ese riesgo –conocido como credit default swaps (CDS)– por un monto superior a los 1.000 millones de dólares.

El diagnóstico necesitaba un 80% de respaldo en el comité, lo que fue superado al ser unánime. Entre quienes tomaron esa decisión además de estar lógicamente el fondo Elliott, figuran los bancos yanquisJP Morgan, Goldman Sachs, Bank of America y Citibank. Esto llamó la atención porque, al mismo tiempo, esos bancos (en particular Morgan y el Citi), junto al chino HSBC y el alemán Deutsche Bank,mantienen conversacionescon los fondos buitre para comprar la deuda, avalados por el juez Griesa quien volvió a insistir en un acuerdo reafirmando que Argentina tenía dos obligaciones: una con sus bonistas y otra con los «acreedores con sentencias».

Esos bancos tienen en su cartera muchos más bonos argentinos que los cubiertos por seguros (como es el caso de JP Morgan, con los bonos por 9.000 millones de dólares, entre capital e intereses, que Kicillof entregó como “indemnización” a Repsol). El default podría afectar sus carteras (al lado de eso lo de Brito es una minucia).

3. El costo de no llamar las cosas por su nombre

El default de Cristina Fernández (selectivo, parcial o como se lo quiera llamar), al no ser declarado por una decisión soberana, con la participación del Congreso Nacional (como establece el artículo 75, inciso 7, de la Constitución) como fue el de 2001, no permitirá a la Argentina tener ninguno de sus beneficios (como fue no pagar la deuda y sus intereses por más de 4 años). Al contrario, Cristina insiste en seguir pagando aún cuando los pagos son de cumplimiento imposible y lo único que nos dice es que “quiero que se queden muy tranquilos, porque la Argentina va a utilizar todos los instrumentos legales”.

Pero, ¿a que legalidad se refiere? ¿A la justicia del imperialismo yanqui, a la que nos volvió a someter el gobierno kirchnerista con los canjes de 2005 y 2010, que nos trajo a esta situación? Lo que no aclaró en su discurso es cuál es realmente la situación. La crisis de 2001 no fue producto del default sino de la política de Menem y De la Rúa, de la que el default no fue sino una consecuencia. Si bien ahora la situación no es igual a la de entonces, la economía viene cayendo desde mediados de 2013 como consecuencia de la inflación y de los desequilibrios a que ha llevado la política del gobierno, en particular desde 2011 (ver “Calesita devaluatoria y ajuste ortodoxo de los K”, Política y Teoría, número 78, abril-julio de 2014).

En estas condiciones, el gobierno se niega a asumir la responsabilidad de su política y cree poder cambiar el lugar de pago sin cambiar la jurisdicción judicial. Los agravantes de este camino surgen, ante todo, porque se hará muy difícil o imposible que el gobierno pueda acceder al crédito al Gobierno y, dado un déficit fiscal nacional cercano al 3% del PBI, se aplicarán ajustes (aunque se los nieguen) y se acelerará aún más la emisión monetaria. Crecerá la demanda de dólares y se debilitarán las reservas del Banco Central al que, hasta nuevo aviso, deberá recurrirse en exclusiva para los pagos externos. También caerá el financiamiento comercial del exterior.

4. No pagar deudas ilegítimas

Con seguir pleiteando en los tribunales imperialistas y depositando los vencimientos de deuda aun en las condiciones de default, como si este no existiera, va a empeorar aun más la situación económica y social.

Esto sólo se puede resolver a favor de los trabajadores, el pueblo y la Nación, repudiando la jurisdicción judicial del imperialismo yanqui y declarando un no pago soberano. A partir de ahí, las fuerzas populares, patrióticas y democráticas profundizarán su lucha exigiendo que en esa situación se investigue la deuda, no se pague la ilegítima y se utilicen esos fondos para el bienestar del pueblo y desarrollar la producción nacional.

Investigar y no pagar las deudas ilegítimas, usurarias, fraudulentas y odiosas, permitiría usar esa plata para tomar medidas frente a la oleada de suspensiones y despidos, atender a los de más abajo, salud, educación, etc. Es decir tomar medidas que fortalezcan el mercado interno, como dice la Presidenta pero no lo hace.

Por esto urge unir las luchas obreras y populares en un paro nacional multisectorial para torcerle el brazo a la política kirchnerista, siguiendo el ejemplo de los trabajadores de Lear y Emfer-Tatsa y de los docentes y estatales de todo el país.

firma: Eugenio Gastiazoro