Parar contra la política K

Trabajadores de Donnelley a la salida de la imprenta, recibiendo la solidaridad obrera y popular.

Trabajadores de Donnelley a la salida de la imprenta, recibiendo la solidaridad obrera y popular.

Hora Política Hoy Nº 1532

Parar contra la política K

¡Basta de suspensiones, despidos y cierres de fábrica! ¡Basta de descargar la crisis y la inflación sobre los trabajadores y el pueblo!

1. Se agrava la crisis económica y social

La nueva oleada de la crisis económica golpea duro al pueblo.

Ya suman más de 20.000 las suspensiones en Volkswagen en Córdoba y Buenos Aires, Fiat-Iveco, Peugeot y Citroen. Crecen despidos y cierres de autopartistas, frigoríficos, comercio y otros sectores como la imprenta Donnelley. No remonta la construcción con más de 20.000 desocupados. Fracasan los “planes de estímulo” del gobierno K: las pequeñas y medianas empresas, golpeadas por la recesión, no tienen “en regla” los papeles que les exigen. De los 180.000 jóvenes que se incorporaron al mercado laboral en el último año, 2 de cada 3 no consiguieron trabajo; y son los primeros en los despedidos no renovando los contratos basura de la ley laboral K.

La inflación, 39,5% según la ex directora del Indec, devora salarios y jubilaciones. Crece la pobreza: la mitad de los trabajadores está por debajo de los $5.000. Los niños que pasan hambre son 2.200.000 (los comedores escolares reciben $6 promedio por alumno), 500.000 están desnutridos, y cinco niños mueren por día por las enfermedades que crecen con la desnutrición.

La política K de liquidación de la industria nacional abrió las puertas a las importaciones de China, “que ocupan el 77% de las góndolas de los productos no alimentarios de las grandes cadenas de supermercados. Las importaciones desde China, entre 2002 y 2014, se multiplicaron por 35 veces y alcanzaron el año pasado un récord histórico de US$ 14.349 millones” (datos de la CAME).

La política K, antiobrera, anticampesina y antioriginaria, llevó a la crisis a la pequeña y mediana producción de carne, leche, huerta, fruta, y demás producciones regionales. Esto, unido a la caída de los precios internacionales de los granos, está provocando la liquidación de las conquistas de los obreros rurales, la migración a las villas de campesinos pobres y originarios, y la venta de tierras para subsistir de los pequeños y medianos productores.

Se agrava brutalmente la situación de la salud y la educación pública primaria, secundaria y universitaria.

2. La suspensión del pago del 2001 y “los pagadores seriales”

Luego de las elecciones, la política de Cristina K y Kicillof tuvo dos fracasos que aceleraron la crisis económica y social. El primero, cuando devaluaron y pagaron al Ciadi, Repsol y el Club de París, y no consiguieron dólares. El segundo fracaso fue poner gran parte de la deuda externa, sin investigarla, en manos de la justicia yanqui, para terminar en el default. No aprenden de los fracasos: acordaron que todos los contratos con el imperialismo chino queden en menos de la justicia inglesa.

Kicillof atacó el default del 2001, lo llamó “una bomba atómica” sobre la Argentina.

El 23/12/2001, la Asamblea Legislativa (integrada por las dos cámaras del Congreso Nacional), en la misma sesión en que designó presidente a Adolfo Rodríguez Saá, aprobó por aclamación que “el Estado argentino suspenderá el pago de la deuda externa. (Aplausos prolongados en las bancas y en las galerías)”; que “el gobierno abre las puertas a este Congreso para tomar conocimiento de todos los expedientes y los actos administrativos que estén vinculados con la deuda externa argentina”, y que “todos los dineros que estén previstos en el presupuesto para pagar la deuda externa, mientras los pagos se encuentren suspendidos, serán utilizados, sin dudar y sin excepción, en los planes de creación de fuentes de trabajo y el progreso social” (Diario de sesiones del Congreso Nacional).

Con esa suspensión soberana del pago de la deuda externa durante 4 años, se pudieron crear dos millones de planes sociales para los desocupados, pesificar deudas de decenas de miles de campesinos, comenzar la reactivación de la industria nacional, etc. Todo eso se conquistó con los trabajadores y el pueblo en las calles en el Argentinazo de diciembre del 2001, esa es la “bomba atómica” que espanta a Kicillof.

Por el contrario, la política K celebra el pago de 190.000 millones de dólares, pese a lo cual la deuda pública creció a 240.000 millones de dólares. Además, la no investigación de los negociados con la deuda, y la cesión de soberanía a la justicia yanqui llevó a un fallo tramposo que coloca a la Argentina ante nuevos chantajes por toda la deuda, renegociada o en default, mientras sigue la sangría de fondos públicos que deberían ser destinados a afrontar la crisis.

3. Garantizar el paro nacional, activo y multisectorial

Brotan luchas en las autopartistas, y sigue la ocupación con puesta en producción de Donneley. Hay paros docentes en Río Negro, Chaco y Entre Ríos, y jornadas de lucha de las seccionales combativas de Buenos Aires.

El gobierno K trabaja contra el paro nacional para seguir descargando la crisis sobre los trabajadores y el pueblo. Los discursos de Cristina K apuntan a provocar pánico por el puesto de trabajo, en los sectores de trabajadores que ven su estabilidad laboral amenazada por la crisis. Apuntando contra el paro, el gobierno volvió a empujar, y fracasar, con su proyecto de ley anti-piquetes; y reflotó la ley antiterrorista, que ya intentaron aplicar en juicios que criminalizan la protesta. Además, el gobierno trata de usar los justos sentimientos contra el monopolio yanqui Donneley para tratar de legitimar esa ley y poder aplicarla contra el movimiento obrero y popular.

Para defender los puestos de trabajo hay que torcerle el brazo a esta política K, y el bloque dominante, que lleva a las suspensiones, los despidos, los cierres de fábrica, la ruina de la industria y el comercio nacionales y el campesinado, y la crisis de la salud y la educación públicas. Al cierre de esta edición, la CGT, y la CTA y la multisectorial, avanzan a definir la fecha y modalidad del paro nacional.

Para torcerle el brazo a esta política es necesario garantizar el paro, con asambleas y cuerpos de delegados, y moviéndoles el piso a los dirigentes carneros. No es suficiente un paro pasivo de 24 horas. Es necesario garantizar que sea activo y multisectorial, es decir, de 36 horas, con piquetes y movilizaciones que permitan la unidad del movimiento obrero ocupado con los desocupados y los jubilados; con el campesinado, los estudiantes y demás sectores populares. Y fijar la continuidad con un plan de lucha.

Un paro nacional activo, multisectorial, de 36 horas, es lo necesario para colocar a la clase obrera y el pueblo, con sus reclamos, en el centro de la política nacional, golpeando a esta política de descargar la crisis sobre el pueblo, y dejando en el aire a los Massa, Macri, Cobos, Binner y otros que acompañan la devaluación, el ajuste y la entrega, y quieren “paz social” hasta el 2015, para seguir ellos con la misma receta.

4. Avanzar hacia el frente popular

Que la clase obrera y el pueblo conquisten el centro de la política nacional es clave para ensanchar el cauce hacia un frente popular. Un frente popular que recoja el programa de la lucha y defina las medidas urgentes y necesarias para que la crisis la paguen los que la produjeron y se llenaron de plata en la década K.

La multisectorial por el no pago de la deuda externa ilegítima, muestra que es posible avanzar hacia ese frente popular, pulseando con el gobierno K y desnudando aquella oposición que se ofrece como nuevos “pagadores seriales”.

Con la personería nacional en trámite, y peleándola en las provincias en las que aún no llegamos, la campaña del PTP es un gran instrumento político para fogonear el paro y el frente popular. Construir la herramienta electoral de amplias masas obreras y populares, y preparar a los trabajadores y el pueblo para las tormentas sociales y políticas que se avecinan, es el  camino para unir a los que quieren ir por más y dar vuelta la tortilla.

firma: escribe Ricardo Fierro