UNA OLEADA DE LUCHAS RECORRE AMÉRICA LATINA

Las rebeliones populares crean mejores condiciones para la lucha de nuestro pueblo y condicionan la situación política en todo el continente.

  1. Los pueblos se rebelan

Crece la rebeldía popular en el mundo.

Sigue la heroica resistencia del pueblo boliviano contra el golpe de Estado fascista de la oligarquía y el imperialismo yanqui. Estalló 8el pueblo colombiano, salió a las calles a enfrentar la política de ajuste, entrega y represión del reaccionario presidente Duque. Siguen movilizados los chilenos contra el gobierno ultra reaccionario de Piñera. En Ecuador la lucha le torció el brazo al gobierno de Moreno. Brotan luchas en Paraguay, Uruguay y Brasil. Sigue la pelea en Haití, Guatemala y Nicaragua. Seguimos los argentinos enfrentando a Macri. Mantenemos masivas marchas y actos solidarios con Bolivia, Chile y los pueblos hermanos.

Una oleada de rebeliones populares recorre América Latina. Enfrentan con coraje a gobiernos fascistas que asesinan, torturan, encarcelan, violan, intentando mantener las políticas de ajuste y sometimiento a los imperialismos.

También crecen las rebeldías populares en el mundo. En Asia estalló Hong Kong, hay grandes huelgas en China y cortan las rutas en Pakistán. En el Líbano ya voltearon al gobierno, hay grandes enfrentamientos con decenas de muertos en Irak y protestas masivas en Irán. En África, luchan en Argelia y Etiopía. En Europa, cortan rutas en Cataluña, hay masivas movilizaciones en Praga, y en Francia sigue la lucha de los chalecos amarillos.

  1. El camino para acabar con los sufrimientos

Los patriotas de doscientos años atrás, se atrevieron a unirse para liberar América Latina. Es el ejemplo a seguir.

El 9 de noviembre de 1989 fue derrumbado el muro de Berlín. Lo construyó el gobierno de Alemania Oriental, títere del socialimperialismo ruso, cuando ya habían restaurado el capitalismo en sus países. Ya se había restaurado también el capitalismo en China. Se desató una oleada ultra reaccionaria en el mundo que pregonaba que la caída del muro marcaba el “fin de la historia” y el “triunfo definitivo del capitalismo imperialista”.

Los imperialismos: Estados Unidos, China, Rusia, Inglaterra, Alemania, Francia y Japón disputan por el reparto del mundo; se adueñan de los recursos naturales de nuestras naciones, provocan hambre y desocupación. Provocan cientos de miles de muertes y migrantes en las guerras que generan.

El golpe de Estado en Bolivia, de la mano del imperialismo yanqui, es una muestra hasta dónde están dispuestos a llegar por el dominio del gas, el petróleo y el litio bolivianos. Es una amenaza a todas nuestras naciones.

Frente a esos sufrimientos, las rebeliones y los estallidos van mostrando caminos; enseñan que es posible unir a las fuerzas obreras, campesinas, originarias, de mujeres y jóvenes, y demás sectores populares, patrióticos y democráticos. La solidaridad demostrada en las calles argentinas con el pueblo boliviano y contra el golpe ha sido masiva.

Derrotar a los enemigos imperialistas y las oligarquías cómplices, es una necesidad para acabar con los sufrimientos de los pueblos. Doscientos años atrás, los patriotas de entonces de la América Latina se unieron para acabar con la dominación de nuestras naciones y triunfaron. En nuevas condiciones, las revoluciones de liberación nacional y social vuelven a mostrarse que son necesarias. Que las protagonicen los pueblos unidos de Latinoamérica, es posible.

  1. Y Macri lloró

No lloró por los sufrimientos del pueblo. Lloró porque él y sus socios pierden “la manija” y pueden terminar presos por la corrupción.

Macri lloró cuando le preguntaron qué sentía al dejar de ser presidente. No llora por la mitad de los pibes argentinos que comen una vez por día ni por ser responsable de que la pobreza castigue a 40 de cada 100 argentinos. No lloró por las mujeres que van a morir por abortos clandestinos porque él vetó los cambios en el protocolo de abortos no punibles. No lloró por los asesinados por los fascistas que dieron el golpe de Estado en Bolivia –al que él apoya–, tampoco por los asesinados en Chile por el gobierno de su amigo Piñera.

Lloró por las más de 90 denuncias judiciales por corrupción que él y sus socios generaron saqueando las finanzas del Estado y entregando por monedas las riquezas nacionales a sus socios imperialistas. Macri trata de aprovechar hasta su último día de gobierno para firmar acuerdos que comprometen al país con monopolios imperialistas, y para fortalecer su relación con el brutal aparato represivo que fue armando, de la mano de la fascista ministra de Seguridad, Bullrich, a la que promueve para dirigir el PRO, su partido.

Pero a Macri no le van bien las cosas, ni en el PRO ni en Juntos por el Cambio. En el PRO le pasan factura por la derrota electoral, y por haber arrastrado a la provincia de Buenos Aires. En Juntos por el Cambio, sectores del radicalismo cuestionan sus decisiones y van tomando cierta distancia.

  1. El gran desafío es no abandonar las calles

Que paguen la crisis los que se llenaron los bolsillos con Macri.

Las condiciones en las que se va al cambio de gobierno son complejas. Hay situaciones abiertas en Bolivia, Chile y ahora con las elecciones “empatadas” en Uruguay. De cómo se definan los procesos de esos tres países dependerá que la Argentina quede en mejores condiciones, o aislada. Depende, también, de qué fuerza pueda mantener Macri en una sociedad que ha quedado dividida, como se vio en las elecciones.

El gran desafío es no abandonar las calles. El PCR, el PTP, la CCC y demás organizaciones en las que participamos, y Los Cayetanos, recogimos la demanda de unidad del pueblo en las calles para derrotar a Macri. Fue esa demanda la que creó las condiciones para que fuerzas distintas, sociales, gremiales y políticas, nos uniéramos en el Frente de Todos que derrotó al macrismo.

Tenemos a favor que derrotamos a Macri en las calles y en las urnas, pero sabemos que la situación de las masas es desesperante. Estamos en una crisis social y económica, y hay una sociedad dividida, con Macri a la cabeza de la oposición.

Las emergencias nos exigen seguir en las calles para que el pueblo sea protagonista, impulsando iniciativas amplias por el hambre, la desocupación y los despidos y cierres de fábricas hasta el 10/12. Y seguir en las calles después del 11, para que paguen la salida de la crisis social y económica los que se llenaron los bolsillos con el macrismo.

Hay buenas condiciones para acumular fuerzas en las organizaciones en las que participamos y con la afiliación al PCR. Jerarquizamos los círculos de lectores, en todo el país trabajamos para generalizarlos, creando condiciones para que el Partido sea habitable para los que quieren incorporarse a la lucha por una nueva Argentina.

Acompañamos el recorrido de las masas escuchando, discutiendo y pugnando por dirigirlas, particularmente en las empresas y centros de concentración, para que sean protagonistas de los tiempos que vienen. Acumulamos fuerzas para abrir un camino revolucionario que acabe con la dependencia, el latifundio oligárquico y el Estado podrido en el que se sostienen.

Escribe Ricardo Fierro